Economía 06-03-2008 - 550 Palabras

(Exportación – Servicios)

 

ENTRE EXPORTAR TALENTO Y CONTESTAR EL TELÉFONO EN INGLÉS

 

El capítulo de Los Simpson es elocuente: un hindú atiende el teléfono para una, dos, tres, ocho multinacionales a la vez, por distintas líneas y con distintos niveles de discurso y de atención.

 

Si bien la de los call y contact centers es una de las opciones más difundidas de lo que se conoce como exportación de servicios, más allá de sátiras los especialistas -y ahora también el gobierno- han tomado nota de que, en realidad, el sector ofrece grandes oportunidades para hacer negocios multimillonarios.

 

Por eso el nuevo gobierno quiere instalar a la Argentina entre los 10 países con mayor potencial para exportar servicios de alto valor agregado, negocio que en el mundo ya mueve U$S 300.000 millones por año.

 

Se trata de una actividad que genera divisas, empleo -generalmente entre los más jóvenes, bilingües y con manejo de computación- y, fundamentalmente, retiene a los muchos que hasta la revolución tecnológica sólo encontraban en la huida del país la posibilidad de un futuro más o menos cierto.

 

Ese, claro, es el discurso por el lado amable. Hay otro que difícilmente se explicite y que se vincula con una más que necesaria (para este sector, claro) reforma laboral, que flexibilizaría una vez más las relaciones empleado-empleador.

 

El punto aquí es que al trabajar para el exterior hay que adaptar no sólo idiomas, sino también horarios. Cuatro horas con Estados Unidos, otras tantas con la Unión Europea, 12 con el lejano oriente, obligan a redefinir esquemas de turnos, horas extras, trabajo en días inhábiles en el propio país y en aquellos en los que se presta el servicio.

 

Es, probablemente, un nuevo paso en el proceso de globalización que hace ahora que la atención telefónica de Irlanda compita con la de India, México y Costa Rica.

 

Podría entenderse como la globalización del trabajo si no fuera porque el trabajador que cumple funciones bajo este modelo cobra apenas algo más que el promedio del mercado, pero aporta en contrapartida un enorme diferencial por la reducción de costos para el usuario del complejo.

 

En otros términos, lo que se globaliza es lo que se conoce como talento, pero no necesariamente el crecimiento del trabajador, su nivel de vida o sus perspectivas a futuro.

 

Decía, sí, que en el abanico de actividades que se pueden exportar de la mano de una computadora y una conexión a internet aparecen también otras actividades de mayor valor, como ingeniería, diseño gráfico, servicios contables y legales, publicidad, periodismo y otra serie de creaciones que están mucho más ligados a una genuina generación de valor con un criterio mucho más equitativo que el anterior.

 

En el primer tipo de modalidad lo que prima, pues, es el costo como diferencial, factor que obliga a mantener la paridad cambiaria a fin de no estropear a una industria que recién despunta pero que ya encuentra empleados a varias decenas de miles de trabajadores.

 

El segundo es el que verdaderamente marca diferencias. Es el que permite la competencia por capacidades más que por precios.

 

Ése, sin lugar a dudas, es el que hay que fomentar como estrategia de país.

 

El otro se liga más a la coyuntura. Una coyuntura que en la Argentina suele durar muy, pero muy poco.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP