Economía 20-03-2008 - 565 Palabras

(Deuda familiar)

 

EN-DEU-DA-DOS (OTRA VEZ)

 

“¡Maldición! Por más que intento, no puedo recordarlo”, le dice el superhéroe a su compañero de andanzas, mientras trata de librarse de una trampa de la que parece no haber escapatoria. Busca en su memoria la forma en la que en anteriores ocasiones logró desarmar a los villanos y alzarse con el éxito de la eterna lucha entre el bien y el mal.

 

No es ésta una columna auspiciada por medicamentos ni complejos multivitamínicos para refrescar las neuronas, estimularlas y hacer que la memoria vuelva a activarse. No es, pero bien podría tomarse algo para despertarla.

 

Sucede que según un informe del Centro de Economía Regional y Experimental (CERX), las familias argentinas no han escarmentado en lo más mínimo y se endeudan cada vez más.

 

De nada parecen haber servido el voto-cuota, el voto-licuadora, el voto-choripán, el corralito, el corralón ni ningún otro artilugio del que han echado mano los políticos-económicos en los últimos gobiernos.

 

Y es que según el estudio, acompañando el boom de consumo, crece la deuda de las familias albicelestes al punto de duplicar en su columna del debe lo que marca su columna en el haber.

 

En efecto, el promedio de deuda alcanza los $ 7.493 por hogar, casi dos veces el ingreso promedio por habitante, según los cálculos de la institución.

 

En la calle esto queda más que claro. Si abre los ojos verá que hay una proliferación de automóviles circulando, cuyos precios de mercado difícilmente bajan de $ 35.000. ¿Tanta gente hay que está en condiciones de hacer semejante desembolso sin endeudarse?

 

Sin ir tan lejos, camine por el centro de la ciudad y verá la cantidad de bolsas que no sólo los turistas extranjeros llevan colgando a un lado y a otro, como si fueran verdaderas extremidades de su cuerpo.

 

Es cierto que la tendencia a ahorrar disminuye racionalmente en épocas de inflación. Es cierto, también, que luego de épocas de grandes recesiones o crisis, el consumo repunta y gana el terreno perdido.

 

También es más que cierto que en la sociedad en la que vivimos es más importante mostrar que uno puede consumir lo que le venga en ganas que poder hacerlo realmente. Es eso del tener, parecer y ser.

 

Pero si eso funciona en los manuales de marketing y economía aplicados a cualquier país, la pregunta insoslayable es por qué debería funcionar en un mercado tan heterodoxo como suele ser el argentino.

 

¿Por qué el crédito todavía tiene crédito? ¿Por qué nos seguimos endeudando como si luego pagar fuese algo sencillo? ¿Por qué depositamos en los bancos, cuando el Central sigue emitiendo normas que les indican qué pueden hacen y qué no con nuestro dinero? ¿Por qué alimentamos a empresas que nos defraudan una y otra vez cuando nos cargan extras jamás pedidos y por los que antes o después nos terminaremos endeudando?

 

El superhéroe del principio por lo general logra recordar aquello que le permitía salir airoso de situaciones complejas. Lo hace a último minuto, pero logra hacerlo.

 

El argentino medio, en la mayoría de los casos, sólo se acuerda del rodrigazo, del plan bonex, del primavera, de la indexación, de los patacones y los lecop, del corralito y el corralón cuando está con la soga al cuello.

 

Con o sin pastilla, deberíamos ejercitar la memoria. Es una de las mejores armas para esquivarle a la idiotez.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP