Economía
27-03-2008 - 560 Palabras
(Campo)
EL QUE PRODUCE, PIERDE
38% para retenciones, 17% se va en el
movimiento de la cosecha, 19% son para gastos indirectos y de arrendamiento de
la tierra, 2,5% impuestos a las ganancias y al cheque, 1% son gabelas provinciales
y municipales y el productor se queda con el 2%. Así, ni mongo trabaja.
El conflicto desatado con el aumento de la
alícuota de retenciones impuesta por el gobierno por Resolución 125/08 del
Ministerio de Economía y Producción, no sólo dejó traslucir el error político,
latente por estos días de la mano de cacerolas y enfrentamientos, sino también
la falta de visión económica y de estrategia país.
El ex presidente Eduardo Duhalde lo puso de resalto en un reciente discurso, al
agradecerle, en nombre de todos los argentinos, al sector rural por habar sido -una
vez más- el que ha motorizado la economía argentina.
Pero las antinomias campo-ciudad, oligarquía
terrateniente-burguesía industrial, parece seguir calando hondo en grandes
sectores del arco político y de sus brazos armados, D’Elía mediante.
¿Se puede proyectar una economía para el
crecimiento si se amenaza con cerrar las vías de exportación o si se
incrementan a niveles inmanejables los derechos sobre esas exportaciones al
punto de hacer inviable una industria? Y más profundo aún: ¿Se puede gestar un
país que no entiende de razones de Estado, de estrategia y marca nacional e internacional?
Afortunadamente, grandes sectores urbanos
y rurales están con el campo y le reconocen el rol que les cabe al trabajo y a
los resultados del esfuerzo. Las 4x4 de quienes pueden comprarlas en medio de
soja, vacas o leche, difícilmente puedan compararse con las de quienes habiendo
estado en política toda la vida, declaran más de 20 propiedades inmuebles y
colecciones de autos enteras.
Pero sin ánimo de echar gasoil al fuego, no
sólo por la crisis energética que se viene, sino porque no es esa la forma de
construir, lo que debemos preguntarnos y por lo que verdaderamente debemos
preocuparnos es por la falta de diálogo, por los mensajes y amenazas de guerra.
Falta estrategia. Falta política.
¿Miraremos los chinchulines por TV como dijo la Presidenta mientras con la yema
de sus dedos acomodaba por enésima vez los dos micrófonos de su atril, que no
se habían movido desde la vez anterior? Y si es así, pero gracias a eso
logramos ser un país serio, cumplidor de sus compromisos internacionales, con
una economía que redistribuya: ¿No estaríamos en el buen camino?
Evidentemente, la ex senadora visualiza a
la economía en términos de buenos y malos. No en vano la queja de los gobiernos
locales alineados con el campo, toda vez que de lo que se retiene a los
productores en concepto de derechos de exportación, poco queda para las administraciones
provinciales y municipales vía coparticipación.
Desde un punto de vista estrictamente económico,
es cierto, el dólar artificialmente alto beneficia al sector exportador (no sólo
al campo), así como también lo hace con el turismo.
¿Vale la amenaza de bajar el dólar a la
mitad? ¿Es lo mismo quedarse con el 50% de las ganancias? ¿Si no se reparte
luego, es eso justicia social? Y, por último: querrá le Presidenta reavivar el
péndulo campo-industria. Porque si es así, habría que decirle que los
argentinos estamos convencidos de que se puede avanzar con todos juntos, sin
rezagos en el camino.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP