Economía 17-04-2008 - 576
Palabras
(Economía)
ECONOMÍA TRAIDORA
La economía es, por definición, una ciencia social. Más allá de toda
fórmula, de gráficos complejos, de tecnicismos y manoseos, se aplica
invariablemente a aquello que la mayoría de los mortales vivimos en la
realidad.
Que los ministros del área aparezcan siempre de riguroso traje y corbata, que los grandes analistas vistan a la moda y estudien en universidades extranjeras, no obsta a que en el almacén se experimente a diario el impacto de sus decisiones.
No es ficción, no es modelo, no es índice pasible de manipulación. Todos
somos parte de la economía y la reconocemos a diario, sobre todo cuanto menos
dinero tenemos.
La Argentina se ha convertido en los últimos treinta años en un país que
parece regodearse castigando siempre a los mismos sectores. No importa si hay
crecimiento o crisis, si hay desempleo u ocupación plena, si hay hambre o hay
pan duro. Siempre los de abajo son los que se llevan la peor parte y también,
claro, la más chica de todas.
Está estudiado hasta el hartazgo la composición del consumo de las familias
de menores ingresos. La mayor parte se va en alimentos y en indumentaria. Si
queda algo, es para educación, esparcimiento, diversión.
Algo así como la diferencia entre quienes tienen ingresos para sobrevivir y
quienes tienen ingresos para vivir.
Pues bien, resulta que aunque la inflación oficial se contenga, aunque la
culpa siempre la tenga el de afuera (sea un país o un sector productivo), lo
cierto es que las desigualdades se agigantan cada vez más.
El Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, presentó un
relevamiento según el cual el precio de la garrafa de gas de 10 kilos subió un
38% en promedio entre mayo de 2007 y abril de este año. Obviamente, se trata de
un producto cuyo principal consumidor es la familia de bajos ingresos... y
quienes pasan largas travesías en sus yates.
Por otra parte, un estudio privado, realizado en función del aumento real
de precios, señala que se estima una inflación con más impacto entre los
hogares de menores recursos.
Así, para los pobres llegará al 25% este año, mientras que a la población
más rica le tocará en un 15%.
Es cierto: nadie, ni ricos ni pobres, debería experimentar la angustia de
ver licuarse sus ingresos sin ton ni son. Pero lo dicho: en el caso de los que
menos tienen, eso puede traducirse en un comer o no comer.
¿De qué sirve la economía si, como ciencia social, juega a ser ciencia
exacta y, además, se deja manosear por otra ciencia menos precisa aún como es
la política? ¿Es real la economía que nos muestran los estadistas, cuando en
las verdulerías los precios fluctúan dejando cada vez menos en las bolsas y
cada vez a más con nada en los estómagos?
La economía real se vive e impacta de lleno en lugares y en quienes están
muy alejados de los despachos de quienes toman decisiones. Se trata de una
verdad universal que sólo encuentra un paliativo: cuando el que decide baja la
mirada y deja la tarima para adentrarse en la realidad de los que sufren el
vacío de no tener para poder pensar en ser.
En la Argentina, es sabido, eso pasa sólo durante la campaña. Después, la
economía pasa a ser cosa de calculadoras importadas. Si te he visto, no me
acuerdo. Pasarás a ser ahora, solamente, un índice más.
Alcides Cepeda
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Agencia MP