Economía 24-04-2008 - 571 Palabras

(Política monetaria)

 

POLIDOLAR

 

La relación es muy simple, aunque por lo general, en los libros de texto, sean de historia o de economía, se la complica por demás. Básicamente, cuando la relación entre la moneda interna y la divisa –en nuestro caso, peso y dólar– es muy desigual a favor de la segunda, todo aquel que facture en esos billetes se verá beneficiado. Por el contrario, a mayor desigualdad o, incluso, cuando la relación se invierte y la moneda interna cobra mayor peso que la moneda internacional, comprar cualquier cosa afuera es una verdadera bicoca.

 

¿Y a mí qué me importa todo esto?, dirá usted mientras se ceba unos buenos mates. Bueno, la verdad que debería. Y mucho.

 

La cosa, llevada a la vida diaria, es más o menos así: el gobierno dice que el campo gana mucho y por eso cree que le puede sacar mucho también. Dice que vende afuera (a través de un pool de grandes empresas, aunque eso no lo dice), que cobra en dólares y que paga acá en pesos. Esto es: cobra a 3,20, paga a 1. Negocio redondo para los productores.

 

La misma lógica la aplica al resto de los sectores productivos que miran cuál es la mejor forma de colocar sus bienes y servicios en el exterior.

 

La lógica inversa es la que primó en los 90. Con un dólar igual a un peso, era más “barato” comprar afuera que producir acá.

 

Sin dudas, una devaluación como la que hubo a principios de siglo permitió a la industria nacional en su conjunto posicionarse y volver a producir. Comprar afuera a 3,20 para vender acá a 1, no le convenía a casi nadie.

 

Qué sucede: resulta que hay un índice picarón llamado inflación, que aunque al gobierno le resbale y lo considere inexistente o tendiente a cero, echa toda la relación anterior al mismísimo cadalso.

 

Es simple: si todo aumenta, cuando se vende afuera y se paga acá, se sigue vendiendo a 3,20, pero ya no se paga a 1, sino a una cifra mayor que resta rentabilidad a la operación.

 

¡Ah! Pero siguen levantándola con pala, creen en el gobierno. Pues incluso si así fuera, no debería ser esa la preocupación de una administración que busque fomentar la productividad. Pocos hay en el mundo que estén dispuestos a trabajar, a invertir o a arriesgarse a cambio de exactamente nada.

 

En este escenario, la política monetaria está en plena discusión. Mantener un dólar alto o bajarlo es el tema del momento. Una cosa favorecería a la exportación. La otra, la haría menos competitiva.

 

Así las cosas, hablar de polidolar no debería resultar extraño. Es, sí, una mezcla de política hacia el dólar, pero también una forma de pulir ciertos desfasajes que tiene hoy nuestra economía.

 

En todo el mundo, la relación que pone por encima al dólar sobre la moneda interna cae. En todo el mundo, menos en la Argentina.

 

La decisión que finalmente adopte el Gobierno e implemente el Banco Central podría hacer tabla rasa con algunos de los logros alcanzados hasta acá, para un lado o para el otro. Se trata de una situación delicada, de un equilibrio difícil de lograr. Pero, al parecer, este el momento en el que habrá que tomar decisiones.

 

La oportuna, en el tiempo oportuno. Antes o después podría implicar, más que pulida, una lijada que deje a más de uno convertido en aserrín.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP