Economía 08-05-2008 - 568 Palabras

(Inflación - Indec)

 

NUEVO MÉTODO, VIEJAS MAÑAS

 

“Siento que después de un año de discusión estamos poniendo las cosas en orden, y quiero decir que, en materia de innovación, fuimos conservadores”, dijo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al presentar en un evento –nada menos que en el Hotel Sheraton de Pilar–  el nuevo formato para medir el índice de inflación.

 

Más que discusión debió haber dicho críticas, si pensaba en toda persona ajena al gobierno o acuerdos, si se refería a los funcionarios que orquestaron la nueva metodología.

 

Pero haciendo a un lado cuestiones semánticas, lo cierto es que a partir de ahora (aunque tal vez ya lo venían midiendo así y recién ahora nos enteramos –de hecho, se comenta que desde hace unos ocho meses se está testeando el flamante formato–) el Indec relevará una canasta de 440 productos y servicios, contra los 818 que aparecían en sus listados hasta el momento, eliminando aquellos considerados de lujo, aunque manteniendo la medicina prepaga y la educación privada.

 

Así las cosas, lo que más se critica de la modalidad actual en materia de medición seguirá vigente: el relevamiento “coordinado” con otros organismos estatales (léase, Guillermo Moreno).

 

Sucede que el Secretario de Comercio Interior se comporta como si fuera la institución en sí misma, al mejor estilo “el estado soy yo”, sin límites, frenos ni contrapesos.

 

En ese escenario, más allá de posibles discusiones sobre la metodología numérica adoptada, una cosa es ineludible: ningún índice, por mejor pergeñado y presentado que esté, dura lo que un suspiro si se lo manipula para que el resultado arroje siempre un beneficio para el operador político de turno.

 

No se trata de números inocentes. No hay que perder de vista que toda la economía depende de ellos.

 

Y es que más allá de que en la realidad sabemos que la inflación no es la que está expresando el gobierno mes a mes, lo cierto es que en una visión de mediano y largo plazo la inseguridad e imprevisibilidad que conlleva la falta de certezas inflacionarias conspira contra cualquier operación económica.

 

Desde la compra de un electrodoméstico en cuotas, pasando por la posibilidad de instalar una industria en el país, todo se ve alcanzado por esta niebla espesa que no deja ver siquiera los números que quiere mostrar la calculadora de mano.

 

Si bien se dice que esta metodología es la utilizada en gran parte del mundo, lo que se calla es que en pocos países se interviene el instituto que recolecta y analiza la información y se expulsa a sus cuerpos técnicos para que sea operado con una visión política.

 

En ese sentido, que se cambie el peso que cada producto tiene en el índice para reflejar estacionalidades o que se evalúe si no hubo cambios de precios pero sí de calidades, parece más que razonable en una economía seria. Sin embargo, la discrecionalidad en la Argentina suele ser caldo de cultivo para una autoridad mal aplicada.

 

En junio, recién, se conocerá el primer índice medido con este nuevo baremo. Se especula ya con que bastará por mucho tiempo con un solo dedo para ponerle techo al porcentual que arroje mes a mes.

 

El gobierno está muy lejos de reconocer la existencia de un problema que afecta a la economía argentina y al bolsillo de sus operadores (nosotros). Así las cosas, el cambio metodológico tampoco traerá la calma deseada.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP