Economía 15-05-2008 - 550 Palabras

(Autos)

 

AUTOS POR LAS NUBES

 

Por más garra que le hubiera puesto, Mr. Ford no lo habría podido imaginar. Si se paseara por la Argentina del nuevo milenio, encontraría que los autos siguen rodando por las vías como los que él fabricó, pero con precios que los elevan a las nubes como nunca antes lo estuvieron.

 

“¿Cuánto sale ese, el de cuatro ruedas?”. Ahora 40.000; en 10 minutos, 43.000, en una hora, 53.000.

 

Los precios de los autos se mueven con parámetros que recuerdan la remarcación de supermercados de fines de los 80. Los vendedores se han vuelto expertos ponedores de créditos astronómicos, especialistas en el cambio de contratos sobre la marcha y grandes tahúres capaces de engatusar al más pintado.

 

“En una semana se lo entregamos”, “en cuotas sin interés”, “con esos ingresos, el banco no te hace ningún problema con el crédito”, “a sola firma” o “financiamos el 100% de su vehículo” son algunas de las argucias de las que se están agarrando para vender, vender y vender.

 

Claro, total, el que compra en la Argentina siempre es un salame del que hay que recontrarequeteabusarse. En el camino, claro, dejan confianzas rotas y pierden en la recomendación de boca en boca.

 

¿Les importa? No parece. Los récords de la industria automotriz en cuanto a producción, exportación y ventas hoy les llenan las barrigas.

 

¿Cuánto puede durar una escalada que, de acuerdo con los concesionarios oficiales de las principales empresas productoras de autos del país, viene acompañada de un aumento oficial de precios en planillas que se renuevan mes a mes?

 

En principio, los especialistas de la industria (no los productores, sino quienes siguen las curvas y los indicadores relacionados con los motores) indican que los automóviles no deberían seguir subiendo por mucho tiempo más.

 

Sucede que el alza está también acompañada por la de los combustibles, que marcan una tendencia a la suba a nivel mundial.

 

¿Por qué no pasa con los autos lo mismo que con las cámaras de fotos? Éstas vieron caer sus precios una y otra vez hasta llegar a valores cuasi risibles, que se compensaron primero con los rollos fotográficos y luego con el revelado.

 

Con los automotores, en definitiva, bien podría hacerse algo parecido. Si los precios de los fierros bajaran y los de los líquidos que los ponen a rodar subieran, la ecuación se compensaría.

 

La explicación para que esto no ocurra es, sin embargo, bastante sencilla: quienes producen y venden lo uno no son los mismos que quienes hacen lo otro.

 

Así las cosas, la escalada de precios parece no encontrar un techo cierto cercano. Por otra parte, las calles de las ciudades muestran cada vez más y más rodados amontonados sobre ellas.

 

En ese contexto, la falta de entrega de 0km (una huelga en la aduana brasilera demora el ingreso de las unidades de varias de las principales marcas) contribuye a la suba de precios de los usados. En algunos casos, incluso, superan el valor de lista de los nuevos.

 

¿Cuánto durará el loquero? Lo que sea que dure, una cosa es cierta: el desmanejo que las concesionarias hacen con sus clientes, a la larga, se pagará y a precios muy altos.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP