Economía 12-06-2008 - 569
Palabras
(Campo)
SE LLAMA ECONOMÍA
La economía es, desde el punto de vista científico, la ciencia social que mejor desarrolló su metodología de estudio y análisis para dar cuenta de la realidad. Para eso recurrió a modelos matemáticos, a gráficos, a ecuaciones y a simples operaciones. De hecho, una de las operaciones básicas que pidió en préstamo a las ciencias duras fue la resta. Básicamente, de lo que se trata este enigma que desvela a la política económica argentina es de lo siguiente: si tengo dos manzanas y me como una, queda una sola manzana. No más. No menos.
Llevado esto a la realidad del momento, la acción de quitarle algo a
alguien calza perfectamente en lo que refiere a la puja por las retenciones.
En efecto, la justificación que da el gobierno es que a ganancias
extraordinarias corresponden alícuotas más elevadas para redistribuir entre los
más necesitados.
No se trata, por lo pronto, de analizar la justicia de la máxima. Valga, sí,
recordar que aplicando la operación anterior se vuelve evidente que si en lugar
de recibir 10 se reciben 5, la posibilidad de reinvertir para seguir ganando
10, disminuye.
En otras palabras, si cae la inversión, cae la producción; si cae la
producción, cae el nivel de empleo, de consumo, de producción, de consumo, y
así hasta llegar cerca del final del pozo.
“¡Qué vivo!”, dirá el lector. “Eso es suponer que se reinvierte buena parte
de lo que se gana”.
“Vivísimo”, responderé yo. Es exactamente eso lo que sucede.
Existe en este punto un matiz ideológico muy propio de los pueblos latinos
y excelentemente tratado por Max Weber en La ética protestante y el espíritu
del capitalismo, que condena a quien más gana, como si ganar fuera, en sí, algo
perverso.
A esto se agrega un matiz no menor, que ahora sí engarza con lo de la
equidad social: si con retenciones al 45% se pueden construir muchas escuelas,
muchos caminos, muchos hospitales, imagínese lo que se podría hacer con unas
que lleguen al 60%, al 80%, al ¡110%!
Eso, que pague el que quiera producir.
Obviamente, la secuencia no resiste el menor análisis por más y mejores
intenciones que tenga el gobierno en relación a lo recaudado.
¿Se puede salir del enjambre, cuado las operaciones matemáticas más simples
están siendo dejadas de lado? ¿Importa de cuánto fue la recuperación del sector
verdaderamente? ¿Acaso si se mantuvieran las retenciones al estado anterior al
de la gran polémica, el Estado tendría derecho a expoliar a los productores en
la próxima cosecha, so pretexto de haberla levantado con pala en ésta?
Más allá de posiciones tomadas en relación al conflicto, a todas luces
resalta que la fricción ya ha adoptado la forma más cruda para la economía
clásica: la pérdida de producción y de ingresos.
El conflicto con mucho excede exclusivamente al campo, pues se transmite a
toda la economía de las regiones rurales, a las grandes ciudades y, a no
dudarlo, a los países con los que la Argentina suele (o solía) comerciar.
¿Tan grande es el beneficio económico que las pérdidas no merecen ser
evaluadas? ¿Se trata, a esta altura, de una cuestión de economía, de política
social, de poder o de ideología?
Cualquiera sea la respuesta (y probablemente sean varias las que se conjuguen),
una cosa es indudable: cuando se trace la diferencia entre el debe y el haber,
habremos perdido todos.
Alcides Cepeda
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Agencia MP