Economía 19-06-2008 - 551 Palabras

(Conflicto gobierno-campo)

 

EL IMPERIO DE LA NO ECONOMÍA

 

Los recursos son escasos. Escasa es la comida, los combustibles. Escasa es el agua y hasta el aire que respiramos. Sin embargo, el derroche abunda como si todo fuera de acceso ilimitado.

 

Mientras nos lavamos los dientes, dejamos la canilla abierta. Mientras dura el corte, tiramos la leche en la banquina. Y mientras no hay gasoil ni naftas en el país, los micros llegan a la Plaza de Mayo desde los rincones más distantes de nuestra geografía.

 

Más de 100 días lleva el conflicto gobierno-campo. Ahí sí que se dilapidan recursos. Tierras ociosas, peones sin trabajo, agentes recaudadores sin nada que recaudar. Góndolas vacías. Aumento de precios, pero esta vez, por la escasez, no por incremento de la demanda.

 

Cae el turismo de fin de semana. Las industrias suspenden a sus empleados. Los títulos de los diarios no son auspiciosos. Aumenta el riesgo país.

 

¿Qué pasa? La política metió la cola y la economía comenzó a dar señales naturales frente al ingreso de una lógica extraña a su comportamiento.

 

Qué el campo ganó mucho y que los precios internacionales lo favorecen, dicen desde el gobierno. ¡Pues claro! ¿A quién le gusta trabajar o invertir para perder dinero?

 

Que la redistribución de la riqueza se hace a dedazo limpio. ¡Pues no! Primero hay que fijar las reglas del juego, luego jugar. El ludo sería muy otro si antes de coronar decidiéramos que las fichas se mueven como si fueran caballos de ajedrez.

 

Los recursos, decía, son escasos. La escasez obliga a la racionalidad, a la administración sesuda de lo que hay, para que todos tengan algo o para que falte lo menos posible. Sin embargo, cuando se decide sin medir las consecuencias, lo que ocurre es lo que se ve hoy en más de 300 cortes de ruta a lo largo del país.

 

Más allá de ideologías, de acusaciones golpistas o autoritarias, lo que se deja de lado con las retenciones móviles es la racionalidad del productor.

 

Suponiendo que, efectivamente, el producido por el incremento de las arcas fiscales se destine, finalmente, a paliar las necesidades de quienes menos tienen, incluso así la figura del buen samaritano supera cualquier límite de tolerancia.

 

Supongamos que se decidiera que todo aquél que gane más que lo que indica la canasta básica estará obligado a aportar el excedente a un fondo común para ser repartido entre quienes no llegan a ella. Esto, claramente, alcanzaría a una parte importante de la población y beneficiaría a otra. ¿Respaldaría una medida de estas características?

 

Por otra parte, el a cada quién según sus capacidades y necesidades, es una idea que el mismísimo marxismo dejó en claro en cuanto a su inviabilidad. Los propios gobiernos, con los salarios que cobran sus cúpulas (y está bien que sean altos), predican con el contraejemplo.

 

Así las cosas, la negociación sensata sigue siendo la única salida para volver a un cauce de racionalidad económica. Y negociación, en este sentido, no es sólo fijar la propia posición, sino ponerse en el lugar del otro para visualizar el problema o la percepción que de él tiene la parte contraria.

 

El otro camino es el que lleva a la no economía. El que termina por convertir a los recursos escasos, directamente, en escasez.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP