Economía 26-06-2008 - 550
Palabras
(Profecías)
CORDURA
La economía se enfría. El dólar cae. La inflación aumenta. Los alimentos vuelven... pero a otros precios. Los sindicatos reclaman un poco más. Las empresas ponen un poco menos. Los inversores buscan lugares más seguros. El pánico se apodera de todos.
La convicción en la economía es casi tan importante (o más, a veces) que la
realidad misma. Las profecías autocumplidas son uno de los mayores males de
esta ciencia social que, como ninguna otra, afecta directamente nuestra vida
diaria.
En ese sentido, es sabido que un rumor malintencionado y falaz puede
convertirse en verdad si están ‘bien’ administrado. Las corridas bancarias son
una prueba fiel de ello.
Quedémonos un momento en este ejemplo. Si en medio de una cola de un banco
alguien, a los gritos, exclama un “¿¡cómo que no tienen plata para darme mis
depósitos ni acá ni en la casa central!?”, probablemente sean muchos los
clientes que se acerquen a las cajas a retirar sus fondos, que llamen a sus
familiares y amigos para que hagan lo propio, que las cámaras se hagan eco y
que el banco, finalmente, sufra las de Caín. Así de sencillo. Así de cruel.
De allí un arma poderosísima: la racionalidad, que se explica en base a un flujo
de información relevante para la toma de decisiones.
En palabras simples: si la información que suministra el Banco Central sobre
el banco en cuestión indica que tiene reservas suficientes para hacerle frente
a unos cuantos temporales, probablemente el grito de pánico muera en el cliente
descontento con el servicio de la institución.
Esto mismo, elevado a realidad país, es lo que nos está sucediendo hoy a
los argentinos. Se habla de parate, de operaciones caídas, de aumentos en el
riesgo país, en la desconfianza, en la falta de credibilidad. Dicho esto, todos
compramos la misma historia y alimentamos un círculo nocivo.
No es que por mirarnos al espejo todas las mañanas y decirnos una y otra
vez “soy Brad Pitt”, terminaremos siéndolo, pero sin dudas la actitud positiva
generalizada colabora a construir economías de largo plazo.
Obviamente, la del “boludo alegre” es una historia archiconocida por la
cual, el que apuesta al dólar, pierde, como decía el funcionario que se llenó
de dólares mientras pronunciaba la frase.
Pero no se trata de eso, de credulidad contracorrientes, sino de confianzas
ganadas. Las ciegas, por el contrario, forman parte de las que maneja aquél
grupo al que no nos queremos parecer.
Dicho esto, la pregunta es cómo se gana (o recupera) la confianza
extraviada.
La transparencia en los procederes y la credibilidad en una gestión
resultan, a todas luces, claves en este sentido. En términos prácticos, sanear
las atrocidades que se han hecho en el Indec es crucial para revertir la
creencia popular de crisis inminente.
Una segunda apuesta es la razonabilidad de la política económica y, en ese
sentido, los últimos ciento y algo de días le han hecho un daño enorme a un
país que venía creciendo a tasas asiáticas.
A esta altura, para recuperar la cordura es necesario que haya señales
impolutas que impulsen a hacerlo. Caso contrario, la locura está muy cerca y se
dispara tan fácil como con un rumor de mal agüero.
Alcides Cepeda
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Agencia MP