Economía 07-08-2008 - 550 Palabras

(Planificación)

 

REPENSAR LA ECONOMÍA

 

Hay que cortar el círculo. Vicioso como pocos, la situación se repite sistemáticamente, una y otra vez. Crecimiento, parate, crisis; crecimiento, parate, crisis. ¿Puede un país funcionar así?

 

En el concierto de economías desarrolladas estos ciclos (analizados por Kondratieff, para quienes quieran profundizar), semejantes a los bíblicos siete años de vacas gordas y flacas, fueron desterrados desde hace largo, bajo el convencimiento de que la falta de una dirección clara en lo que hace a políticas económicas es un pasaje de ida hacia el subdesarrollo.

 

No importa cuál sea el tinte ideológico-político de un país: desde los comunistas hasta los ultraliberales (que de ambos extremos aún quedan en el mundo), está demostrado que la continuidad es una de las pocas formas en que se garantiza previsibilidad y, con ella, inversiones internas y externas y, finalmente, crecimiento.

 

Esto, la experiencia histórica argentina lo demuestra, parece estar fuera del alcance de nuestras dirigencias económico-productivo-financieras. Apostamos primero a un sector y abandonamos a los otros a su suerte. Luego invertimos la apuesta, nos reconvertimos y volvemos a probar suerte. Así no una, ni dos veces, sino siempre.

 

Las antinomias nos fascinan. Hoy podría ser la de inflación o deflación, calentamiento o enfriamiento, sector productivo o financiero, industria o campo, materias primas o sociedad del conocimiento y la información. El punto medio aristotélico para nosotros es un misterio.

 

En el mundo hay ejemplos de todo tipo, de éxitos y fracasos eligiendo un modelo a desarrollar u otro. China comunista es potencia. Irlanda agrícola se reconvirtió en Irlanda software y no le va nada mal. India produce conocimiento, cuando por la cantidad de mano de obra bien podría dedicarse a la producción intensiva de bajo valor agregado. Brasil reparte entre todos los sectores de la economía. Venezuela se pelea con Estados Unidos, aunque su intercambio comercial alcanza picos históricos en tiempos de gestiones Chávez-Bush.

 

En todos los casos, no obstante, hay un común denominador que se llama constancia. Y constancia, entiéndase bien, no es lo mismo que empecinamiento, obcecación o tozudez. Es, por el contrario, planificación racional, apuesta a seguro y alineación de los recursos en pos de un resultado final consensuado previamente.

 

Así es que se piensa en el sistema educativo, en el entramado judicial, en la conformación institucional, en el reparto de la riqueza, en los subsidios estatales, en la planificación de corto, mediano y largo plazo. ¿Quién soy? ¿Cómo quiero ser? ¿Cómo hago para ir de A a B?

 

En nuestro país todo eso parece estar ausente. Los programas de gobierno duran, por lo general, el 50 por ciento de lo que dura una gestión. Y es que pasa un año hasta que se implementa cualquier plan serio y durante el último año de gobierno se piensa más en la reelección o reconversión que en la gestión genuina.

 

En este escenario de cortoplacismo la economía avanza, se estanca y retrocede. Sin rumbos fijos ni de mediano aliento. Sin proyecciones racionales. A los ponchazos, con tropezones y parches.

 

Hoy se habla de inflación. Mañana, probablemente, sea del precio del dólar. Luego, seguramente, vendrá el desempleo, o los salarios, o la pobreza, o el campo. Siempre habrá una cuestión básica a resolver, simplemente, por falta de visión de estado y rumbo de país.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP