Economía 11-09-2008 - 572
Palabras
(Consorcios)
¿REUNIÓN DE CONSORCIO? ¡QUIERO VIVIR EN CASA!
Bienaventurados aquellos que viven en casa, pues no conocen lo que es una
reunión de consorcio.
Anoche tuve la de mi edificio, y entre aumentos a encargados, deudas de una unidad funcional vacía, honorarios de un abogado que intervino en una causa hace 10 años, Indec, administración y otras yerbas, las expensas se elevaron en un 35%, con perspectivas de que suban un 10% más para fin de año.
Hablamos de gastos para mantener funcionando el edificio (de hecho, hoy el
ascensor no andaba), no para limpiar la piscina que no tenemos, o comprar
carbón para la parrilla que tampoco tenemos, ni pagar los gastos de seguridad
privada que jamás tendremos.
En el esquema de propiedad horizontal que es, a decir verdad, bien vertical, con ocho pisos sobre el nivel del mar, para tomar decisiones de peso hay que reunir mayorías agravadas. En mi edificio somos 70 los departamentos y a gatas si nos juntamos de a 15 ó 20. Siendo así, los grandes temas de la convivencia se postponen hasta el infinito y que te garúe con rima.
Pocas cosas debe haber menos racionales que la asistencia a una de estas
reuniones, donde suele haber quien lleva la voz cantante (por suerte, en mi
área, el que lo hace es bastante sensato, más allá de sus comportamientos
habituales que rozan lo cavernícola), mientras el resto escucha. Y es que las
dos o tres horas que uno malgasta atendiendo a la cosa semipública, bien los
podría destinar a otros menesteres.
Hago un paréntesis y vuelvo a ese vecino, pues mientras este descargo hago
uno de sus hijos no para de cantar a grito partido canciones de cumbia villera,
mientras grita con insultos de los más variados cada uno de los goles que logra
hacer frente a la computadora. Cierro paréntesis y vuelvo.
En toda reunión de este tipo que se precie de tal, alguien habrá que
insista con subir más los gastos corrientes del edificio, con reparar daños en
su propio departamento a costa de todos, con linchar a la vieja del tercero a o
con desalojar a los deudores compulsivos de expensas que, según estimaciones,
llegan en la Capital Federal al 50% de los integrantes de cada consorcio.
Tarde o temprano, también habrá quien cargue contra el servicio de
plomería, de limpieza de tanques, de mantenimiento de ascensores, de portería,
de destapaciones y afines, y en algún momento se escuchará desde el fondo lo
bueno que es vivir en casa.
Claramente, en la gran ciudad cada vez son menos los que pueden darse estos
lujos. Para empezar, los monoblocks tirados hacia el cielo van ganando terreno
por una simple cuestión de costos-beneficios, pero además la sensación de
inseguridad es lo que nos está llevando a apilarnos unos sobre otros.
Dueños de casas suelen reconocer que hay momentos en los que preferirían
contar con la contención del resto de los vecinos. Cuando se pincha un caño,
cuando les roban, cuando hay que lidiar con otros colindantes molestos.
¡No saben lo que dicen! Cada vez son menos los edificios en los que los
vecinos se conocen. Ni que hablar de edificios donde, además, se saludan entre
sí.
Si supieran... En la individualidad de quien vive en casa se sustenta la
sociedad moderna. En el individualismo que hay en los edificios se manifiestan
las características más reprochables que tiene el mundo actual.
Alcides Cepeda
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Agencia MP