Economía 25-09-2008 - 553
Palabras
(Crisis internacional)
¿SE CAE EL CAPITALISMO?
“Tantas veces me mataron / tantas veces me morí / sin embargo estoy aquíííí
/ resucitando”, canta el capitalismo mientras ya hay quienes se rasgan las
vestiduras por las pérdidas sufridas y otros que descorchan con champagne del
mejor por las ganancias que todo ventajero sabe sacar en medio de una crisis.
Durante las últimas semanas se habló una y otra vez sobre el fin de un
modelo económico, sobre el efecto Jazz (lo que sea que eso signifique) y sobre
una catarata de especulaciones sobre el camino al que nos llevarían una sarta
de inescrupulosos igualmente especuladores.
Una vez más, el mundo se madrugó con que el capitalismo había metido la
pata, así como lo hizo en el 30, en el 73, en el Tequila y en cuanta crisis
local con impacto global se quiera recordar.
¿Significa entonces que el sistema no sirve? Cualquiera estaría en
condiciones de hacer una analogía con la política y la democracia recurriendo a
aquello de que es la menos mala de las formas de gobierno. Ídem.
En efecto, el capitalismo ha sabido reinventarse una y otra vez por fallas
intrínsecas y extrínsecas del propio sistema. Eso no significa que esté de
rodillas ni mucho menos, sino que como generador de cambio continuo, se renueva
filosóficamente por ciclos.
Así las cosas, llama la atención que cada vez las crisis se den con mayor frecuencia y que los cambios de una punta a la otra del péndulo sean más comunes con el correr de las décadas. ¿Será que los parches no son tan efectivos como parecen? ¿Será que las recreaciones no alcanzan a satisfacer los desencantos y las frustraciones que generaron las capas previas del sistema?
Como sea, sin lugar a dudas entre los que descorchan están los marxistas.
Probablemente, no porque vean en este proceso que atraviesa el mundo la caída
de nada ni de nadie, sino por la propia conflictividad que intrínsecamente
conlleva una crisis de magnitud.
Y es que, al fin de cuentas, nada más cercano a las bases de las teorías de
Carlos Marx que la idea de conflicto continuo.
La pregunta que deberíamos estar haciéndonos es si puede una economía
–mundial, en este caso–, perdurar de esta forma. ¿Puede acaso desarrollarse en
un marco de tanta volatilidad? ¿Ofrece nuestro país un modelo que da respuesta
a estos interrogantes?
Una y otra vez, desde ésta y otras columnas, hemos dicho, jurado y
perjurado que no. Que una cierta estabilidad era necesaria. ¿Nos habremos
equivocado?
Bajo el modelo anterior de libre mercado, donde el Estado no se metía y
dejaba actuar, nuestro diagnóstico era el correcto. Sin embargo –oh sorpresa–,
lo que cambiaron son las reglas del juego.
Si el Estado se mete a recauchutar lo que los privados rompen (y esto lo
supo hacer Domingo Cavallo a la perfección allá por 1982, al estatizar la deuda
privada), los códigos pasan a ser muy otros.
En un cuadro así, los especuladores son quienes ganan. Son los mismos que en el contexto anterior hubiesen sido lapidados.
¿Cae el capitalismo, entonces? La respuesta es definitivamente no. Sin embargo,
hemos pasado de una semana a la otra de un mercado absolutista a un Estado derrochador.
En otras palabras, fiesta de pocos pagada por todos.
Lo conoce, ¿no?
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP