Economía 02-10-2008 - 563 Palabras

(Crisis internacional)

 

¿AL TACHO O EN EL TACHO?

 

¿Se va todo al tacho? Algunos dicen que sí / otros dicen que no / y al poquito rato / la que no bailaba / se empieza a mover. Sin embargo, lejos de estar buena la fiesta (¡mamá!), la crisis que el mundo está enfrentando deja espacio para la profunda reflexión.

 

Se sabe que a río revuelto, el pescador se convierte en pesquera. De allí que grandes entidades financieras y corporaciones salieron en las últimas semanas a las bolsas de todo el mundo a comprar en tiempos en que todo se desploma. Para quienes hayan hecho bien los cálculos, las ganancias pueden ser varias veces trillonarias.

 

Los gerentes generales de los grandes monstruos desplomados son otros de los claros ganadores. Probablemente no vuelvan a conseguir trabajo en el corto plazo, pero si se retiran con unas cuantas decenas de millones de dólares en reconocimiento por los estragos causados, es probable que puedan vivir sin laborar durante un tiempo.

 

Se benefician también quienes ideológicamente son contrarios a los sistemas capitalistas, pues llevan argumentos para su molino; se benefician los especuladores que tiran abajo el precio de lo que sea, con la excusa de la crisis de las finanzas; se benefician quienes están permanentemente en el ruedo y saben moverse en arenas movedizas.

 

El resto, la humanidad en su conjunto, parece que se estuviera por caer al tacho. Claro que antes de suscribir la afirmación habría que ver qué se entiende por humanidad.

 

Los excluidos del mundo, los que viven con uno o dos dólares por día, los que se mueren de hambre, de sed o por diarreas prevenibles, probablemente no hayan cambiado mucho su forma de vivir desde hace unas semanas hasta ahora. Es más: probablemente nunca hayan cambiado su forma de vivir, sin importar que el hombre pise la luna o que Maradona haga un gran gol.

 

El descalabro que se está mostrando hoy en cuanto espacio de interacción humana no es más que crisis corriente para más de las tres cuartas partes de la humanidad.

 

Explicar las bancarrotas con la monocausalidad habitual de la burbuja inmobiliaria es desconocer que el sistema se asienta sobre una estrategia de exclusión continua, articulada y conciente.

 

Es el sistema entero el que falla desde su propia raíz.

 

Cuando los economistas muestran las delicias del libre mercado, del equilibrio entre la oferta y la demanda en un gráfico en el que las dos curvas se cruzan, olvidan sistemáticamente abordar lo que pasa con todos aquellos integrantes de esa demanda que no llega a alcanzar el precio que se fija con la oferta.

 

Esos, los excluidos, son en buena medida los que fueron tentados a acercarse a un sistema especulador que les ofreció créditos a sola firma, para luego derrumbarse con todo su peso.

 

No es que sus necesidades importaran desde el punto de vista humano, sino que eran simples engranajes de una cadena mucho más amplia de préstamos, subpréstamos, endeudamientos y ruedas financieras.

 

Ahora, cuando la cadena de pago se ha resquebrajado, hay quienes hablan de colapso.

 

El colapso, sin embargo, existía desde mucho antes. Desde el mismo momento en que los tatarabuelos de los que hoy son excluidos comenzaron también ellos a serlo.

 

A la pregunta de si nos vamos al tacho, la respuesta sincera es que en el tacho estamos desde hace mucho tiempo.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP