Economía 30-10-2008 - 562 Palabras
(Crisis)
SE PUEDE SALIR DE LA CRISIS
Que sube, que baja, que si comprás a este monto te castigarán con una caída en la cotización, que si no comprás perderás los ahorros de tu vida, que si te llega el telegrama, que si el Ministro negocia la reincorporación. ¿Cuánto tiempo se puede vivir así?
Desde hace más de un mes estamos en medio de una tormenta perfecta, esas de
las que a quienes hacen surf les producen adrenalina pero que, a la vez, les
arrancan la vida de un tirón.
Levantarse una y otra vez con la incertidumbre económica es un desgaste en tiempo continuo que se nos está encarnando a más no poder. Es cierto: el fenómeno está siendo mundial y en un historial con larga trayectoria y experiencia los argentinos corremos con ventajas largas.
Así y todo, el consuelo de tontos que dice “¿a mí me lo van a contar, si esto
yo ya lo viví?”, no alcanza para apaciguar los ánimos ni aquietar las
billeteras.
Además, el intento gubernamental por estatizar las AFJP (o, mejor dicho, a
los fondos que ellas administran), no puede más que sumar un grado impreciso de
alea que terminará por consumir los nervios de unos 10 millones de argentinos.
En este contexto, tomar decisiones es para osados o suicidas. En el primer
grupo están los que timbean, especulan y alimentan la rueda de incertidumbres
con sus entradas y salidas en los distintos mercados. También los que saben,
claro.
En el segundo, en cambio, parecemos entrampados tanto usted como yo.
Porque, al fin de cuentas, decidir hoy las vacaciones, la compra de un
televisor o la ida mensual al supermercado puede marcar la diferencia entre
gastar equis o equis más i griega por ciento, donde ese por ciento se traduce
en moneda extranjera más o menos fuerte, mientras seguimos cobrando nuestros
salarios en moneda débil.
En ese atolladero, venimos tecleando con un cortoplacismo abismal y
acelerado que convierte meses en semanas, semanas en días y días en horas.
¿Se puede salir de todo esto? Definitivamente sí. El punto es que no hay
Nóbel de economía que pueda idear los mejores caminos que permitan levantar
cabeza y no volver a hundirla en el fondo del estiércol como lo hemos hecho una
y otra vez.
Y es que el problema, si bien puede y debe ser analizado desde el punto de
vista macro y microeconómico, no es precisamente económico, sino más bien
antropológico y social.
Los niveles de ambición desmedidos, la despreocupación por la suerte del
otro, el estado de indefensión de los más débiles, las ganancias astronómicas
de los poderosos –aun en los casos en que destrozan a millones con sus
decisiones– son parte de un fenómeno que subyace a ésta crisis y a las pasadas
y a las futuras.
El sálvese quien pueda, el hombre lobo del hombre (y de la mujer, claro),
son imágenes que la humanidad no logra desterrar de su ¿naturaleza?
Hasta tanto eso no ocurra, hasta que no se cambien los valores y las ideas,
no habrá formulismo de pizarra, de Ministerio o de Banco Central que logre dar
con la llave para ingresar al mundo del crecimiento y la estabilidad continua,
equilibrada y equitativa.
Sin lugar a dudas, estamos muy lejos de eso. ¿Se puede? Entre todos, tal
vez. Entre pocos, como hasta ahora, definitivamente no.
Alcides Cepeda
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Agencia MP