Economía 06-11-2008 - 599
Palabras
(Prostitución – Fisco)
VOLANTES PROSTITUIDOS PARA UN ESTADO VORAZ
Como si buscaran la elegancia, estiran la mano a cualquiera que se les
cruce por la vereda. Hombre, púber, abuelo, casado, soltero, ejecutivo o
cadete, solo o acompañado, a los volanteros de prostitutas parece que su
trabajo los apasiona.
Se trata de una nueva modalidad laboral que abunda en las calles del micro
y macrocentro porteño. A su paso dejan volantes de 2 x 3 enganchados en
teléfonos públicos, pegados en postes de colectivos y en la mano de todos y
cada uno de los transeúntes.
Incluso a parejas de tórtolos les suelen ofrecer estos minúsculos y provocativos ofrecimientos. Lo mismo con casados y parejas gay. ¡Eso es lo que se llama no discriminar!
Se trata, por lo general, de jóvenes que rondan los 20 y que logran sacarle un chasquido a cada volante que desprenden del fajo que llevan en la mano.
Ofrecen, como es de suponer, a las diosas más exuberantes de toda la
ciudad, a las secretarias de la tele y a las mejores bailarinas de caño de la
TV.
¿Qué ganan? ¿Cómo les pagan? Son cosas que bien podrían dejarse a la
imaginación, sino fuera porque en los últimos meses han pululado y es, incluso,
difícil –y embarazoso– no toparse con uno de estos galanes que con voz de fierita
le dicen al paseante cosas como “estas minitas hacen de todo”.
La oferta sexual no es nueva y, de hecho, esta proliferación no hace más
que confirmar aquello de que existen consumidores de estos servicios en todos
los estamentos sociales. Lo que llama la atención es el marketing que hacen de
las chicas, muchas de las cuales salen a poblar las estrechas calles de la city
porteña cuando las luces naturales empiezan a caer y se encienden las rojas de
neón.
El negocio del sexo forma parte de un complejo entramado de economía
informal que se vincula íntimamente con el tráfico de personas, la
falsificación de documentos y de moneda, el lavado de dinero, el narcotráfico
y, en términos más generales, casi todos los rincones del crimen organizado.
La explotación humana, claramente, subyace de igual manera a esta forma de
ganarse la vida. Quien diga que todas las chicas que están en este oficio lo
hacen porque quieren, o bien miente descaradamente o es un absoluto hipócrita.
Cuánto trabajo se hace para desentrañar quiénes se esconden detrás de estos
volanteros, cómo se componen las organizaciones que les pagan su jornal a costa
de un porcentual de lo que las mujeres ganan, es difícil de verificar.
Si tales acciones de inteligencia policial o judicial existen, es lógico
que no salgan a la luz. Si el fisco está atrás de proxenetas y/o prostitutas,
sin embargo, debería comenzar por hacer un relevamiento de todas y cada una de
las casas de masajes, acompañantes y escorts que hay en el país.
La idea no parece descabellada, luego de que se conociera la iniciativa
para empadronar a los cartoneros para el pago del monotributo.
Es ésa una medida lógica en un país donde el Estado, lejos de solucionar
las condiciones contextuales que llevan a sus habitantes a escarbar en los
trabajos más duros, se dedica a desarrollar sus inventivas para generarse más y
más caja.
En esa línea, que no extrañe si antes de fin de año los mendigos son
empujados a aportar un 21% en concepto de IVA por lo percibido, más ganancias e
ingresos brutos. Al fin de cuentas, serían parte de la cadena de valor que le
sirve al gobierno para reducir los índices de desempleo.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP