Economía 13-11-2008 - 570 Palabras

(Gas)

 

LA BATALLA DEL GAS

 

Un mes sin gas. Ese es el tiempo que lleva, en el edificio en el que vivo, cortada la conexión. ¿El motivo? Una vecina sentía un fuerte olor cuando corría la cocina para limpiar detrás suyo y, no contenta con eso, sacaba y ponía la manguera de conexión a su antojo. Eso, claro está, no se debe hacer.

 

Ya que estaba por la zona, la cuadrilla convocada verificó que el caño de calle perdía y que el 90% de los departamentos estaba en infracción.

 

Invocando la seguridad de los moradores y normativa del año del ñaupa, ordenaron la realización de obras varias por parte de gasistas matriculados, previo corte generalizado del gas.

 

Los dos primeros gasistas que llegaron a mi casa, miraron y se comprometieron a pasar un presupuesto al día siguiente. Nunca lo hicieron.

 

El tercero, pidió 200 pesos para pasar el suyo. Lo eché. Reclamó y lo volví a echar.

 

El cuarto y quinto pasaron cifras más o menos similares. Elegí a éste último.

 

Lo que iba a ser un trabajo de 48 horas ya lleva más de 96. Llegan tarde, se olvidan las herramientas, no traen materiales, cuentan historias interminables, sienten placer en cada golpe que le dan a la pared y en cada agujero que van dejando para, dicen, plantar una rejilla en algún momento.

 

La normativa, probablemente, sea adecuada. Lo que llama la atención, sin embargo, es el motivo de su aplicación.

 

El año pasado murieron varias personas intoxicadas por monóxido de carbono. No fueron más personas que en el ejercicio anterior. Al menos, no cuantitativamente.

 

El punto es que en lugar de morir representantes de sectores carenciados, comenzaron a asfixiarse profesionales y comerciantes de clases medias y medidas altas.

 

Si a eso se agrega que el servicio está privatizado y que el Estado ha decidido intervenir de lleno en la economía, es lógico que se sobreactúe la buena letra que intentan hacer.

 

Nadie duda sobre la importancia de la seguridad, pero si eso implica que todos los edificios de una ciudad estén en falta contra una norma que existe, por lo menos, desde hace más de 20 años, lo que demuestra es la falta de conocimiento y apego que existe a la ley.

 

Que haya habido que esperar tantas muertes para que la reacción, el control y el arreglo llegara, no es menos desalentador. Por el contrario, semeja las reacciones que suele tener la clase media y la clase alta cuando el ejecutado por una mano artera de la inseguridad, es uno de sus hijos.

 

Cuando matan al pobre, cuando asesinan al gendarme, nadie marcha ni reclama. Se horrorizan, tal vez, pero no protestan.

 

La economía parece discurrir por estos carriles de hipocresía.

 

No se hace nada hasta que las papas queman o hasta que el dueño de la papa ya está preparando su queja formal.

 

Por estos días, por caso, la AFIP salió a pedir informe a los bancos de todos aquellos que compararon más de USD 100.000 durante el mes pasado. ¡Como si comprar dólares fuera tan difícil en el mercado negro!

 

Precisamente, en eso nos estamos convirtiendo. En un mercado en el que todo se compra y se vende por fuera de la ley. No en vano, aun en infracción, tengo decenas de vecinos que, para no ensuciar su departamento, desde el mismo día del corte ya tienen gas de manera ‘legal’.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP