Economía 20-11-2008 - 561
Palabras
(AFJP)
EL ADIÓS A LAS AEFEJOTAPEs
A los fines de esta columna, poco importa si en la tarde en que se escribe, los senadores, representantes de las provincias que conforman la nación, votan a favor o en contra de la estatización de los fondos que manejan las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones, fondos que le pertenecen a los habitantes, representados por los diputados.
Poco importa también intentar desentrañar el origen de semejante aventura.
De si es para pagar deudas que vencen en 2009 y que se habían renegociado en
2002, de si es dinero destinado a financiar la campaña de 2009, de si es dinero
para refacciones en la quinta de Olivos o para lo que diablos sea.
Poco es el valor que agrega saber que unos 30.000 millones de dólares
pasarán a las arcas de la Anses, agencia estatal que se convertirá así en un
gran elefante con una caja gigante que difícilmente esté en condiciones de
administrar racionalmente, no por incapacidad, sino por complejidad de las
carteras que involucran.
Lo que si importa es la señal. El zigzagueo de la economía argentina. El derecha, izquierda, derecha, izquierda, no por el paso militar, sí por los vaivenes de los rumbos ideológicos que se toman en nuestro país.
El descontento que generan las AFJP entre oficialistas y opositores, aportantes
al régimen y al de reparto, curiosamente no se había explicitado hasta hace un
par de semanas, cuando la presidente anunció su intención de volver al Estado a
todos los jubilados potenciales, luego de darles la chance de hacerlo por
propia voluntad (y fracasar).
¡Lástima! Lo ideal hubiera sido que ese descontento se hubiera puesto de
manifiesto al momento de la creación del sistema que ahora se busca abolir.
Pero, a decir verdad, no parece ser tampoco un gran inconveniente el actual
malhumor. Al fin de cuentas, como son tan pocos los jubilados que pueden vivir
con su retribución mensual, seguramente en un par de años alguien tenga la
maravillosa y fundacional idea de privatizar el régimen de jubilaciones y
pensiones.
Lo que importa es el efecto sobre el conjunto de la economía (y lo anterior
también, pero hasta aquí preferí ser irónico). Por un lado, la inestabilidad
normativa, no nos cansaremos de decirlo, atenta contra la construcción de economías
sólidas, pensadas para el mediano y largo plazo. Por el otro, la desaparición
de las AFJP, inversoras de largo plazo, generará un problema no menor.
Como principal inversor nacional privado, las AFJP supieron financiar obras
de infraestructura y, en términos más generales, todas aquellas que en el largo
plazo sólo aspiran a recuperar parte de su inversión y, en el más largo, sacar
ganancia.
¿Quién ocupará ahora ese rol? Anses es la sigla que aparece como respuesta
y, sin embargo, cuesta imaginar que a esta altura de la complejidad de las
operaciones económicas y del incremento de costos que tiene cualquier obra
practicada por el Estado –no necesariamente por cuestiones oscuras, sino
simplemente por los tiempos de ejecución y pagos que hacen que cualquier
operador del mercado incremente sus costos para no perder en el tiempo de
espera– que ésta sea una opción válida.
Un segundo intento de contestación muestra a operadores privados
acercándose al Estado para operar conjuntamente. La pregunta es qué tipo de
operador será el que se acerque con este grado de inseguridad.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP