Economía 27-11-2008 - 570
Palabras
(Blanqueo)
MEDIDAS, ¿PARA QUÉ?
Repatriar capitales, blanquear empleados. ¿Cuánto eco pueden tener en la
hora actual las medidas lanzadas por la presidenta, Cristina Fernández?
A pocos días de aprobado el plan de restatización de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones, considerado por el establishment un atentado letal contra la seguridad jurídica, difícil es imaginar que un ejecutivo o empresario no tenga en su cabeza la idea de que todo esto no es más que una nueva trampa.
¿Qué garantiza que quien traiga su dinero de afuera no sea acusado, luego,
de haber violado las leyes penales de lavado? ¿Qué indica que el blanqueo de
trabajadores sea una señal genuina y no un simple regalo para los sindicatos
aliados, señalando dónde están las brujas que deben salir a cazar?
En cualquier otra circunstancia, en cualquier otro país, estas medidas podrían ser bien recibidas. En la Argentina, sólo las pueden aplaudir quienes tienen a la presidenta enfrente y no se animan a desairarla.
Pero todo esto, encima, se limita a la cúpula dirigencial que, desde el
sector privado, curiosamente apenas si emite algún gemido luego del traspaso de
los fondos administrados por las AFJP al Estado.
¿Qué pasa con todos nosotros, los ciudadanos comunes que nos deslomamos
para arañar el fin de mes?
Nosotros, con perdón de la expresión, somos unos reverendos pelotudos.
Y es que nos preocupamos cuando nos llegan intimaciones de Rentas o de AFIP
por impuestos adeudados; nos hacemos malasangre si un empleado inicia un juicio
laboral; tratamos de cumplir en la medida de lo posible con el marco legal
vigente. Y resulta que, de buenas a primeras, el que estaba en flagrante
infracción puede redimirse y “acá no ha pasado nada”.
¿Qué clase de ejemplo es ése para quienes cumplimos con las normas a
rajatabla? ¿Me siento mejor moralmente por haber suspendido lujos, viajes y
haber modificado mi dieta para no deberle nada a nadie, mientras otros
especulaban con que esta amnistía llegaría?
Definitivamente, los beneficiados son siempre los mismos. En lugar de
proponer quitas o subsidios para quienes tienen empleados en blanco –no en
negro–, en lugar de incentivar a través de la estabilidad normativa y la
previsibilidad la repatriación de capitales para que paguen lo que no pagaron
en su momento, lo que se hace es exactamente lo contrario.
Premiando al infractor, condonándole las deudas, la Argentina está
condenada de antemano. Y que quede claro que no estamos hablando aquí de quien
no puede o pudo pagar por carencias, sino de empresas y empresarios, de ejecutivos
y magnates locales que urden estrategias financieras para no abonar lo que no
quieren porque, total, “los impuestos nunca vuelven”.
No es la jubilada que no paga la luz o el verdulero que tiene al cadete en
negro el que sale ganando. Los que se benefician con esto son los grandes arruinadores
de la historia argentina.
A todo esto, por si fuera poco, se suma: ¿Traer la plata ahora que el mundo
financiero se cae y la Argentina hace todo lo posible por seguirle el paso?
¿Blanquear empleados cuando se habla de suspensiones y de despidos?
A la pregunta inicial, pues, desde la más cruda racionalidad habría que
responder que las medidas no tienen chance alguna. Sin embargo, como en la
Argentina racionalidad no abunda, puede que esta proyección esté errada y
termine siendo la mejor política económica de nuestra ya pesada historia.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP