Economía 18-12-2009 - 571 Palabras

(Crisis)

 

PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

 

Los bancos no tienen en sus sucursales dinero suficiente para enfrentar el retiro de fondos de todos sus ahorristas. Este es un principio conocido y aceptado por los depositantes, quienes comprenden que la plata que ellos le confían a la entidad financiera es, a su vez, prestada a otras personas, que la devuelven con un interés que será luego el que le entreguen al cliente depositante como ganancia.

 

Incluso sabiéndose y aceptándose esto, si una persona al llegar a la caja comenzara a hacer una escena de gritos, desesperación y llanto con frases del tipo “cómo que no tienen fondos para devolverme los ahorros de toda una vida”, probablemente se generaría un efecto contagio que haría que todos quisieran rescatar lo suyo lo antes posible y, como consecuencia, se desestabilizarían las finanzas de la empresa.

 

En ciencias sociales este fenómeno se conoce como profecía autocumplida. Simplemente, demuestra que si uno dice que algo va a pasar y ese algo involucra las creencias y las acciones de las personas, ese algo terminará ocurriendo por el impulso de la propia gente.

 

¿A cuenta de qué este introito? Pues es que desde hace un par de semanas los argentinos y el mundo en general no hacemos más que hablar de la crisis.

 

Alcanza con prender las radios, leer un diario, hablar con un ejecutivo de empresa grande o escuchar los pronósticos para 2009. Todos coinciden en el fuerte malestar. Sin embargo, a poco que se sale a la calle la miseria que se ve es la misma que existía hasta hace algunos meses (hay, sí, algunas caras nuevas, pero no es que pasamos de Finlandia a Haití de la noche a la mañana), las bolsas de marcas famosas en manos de turistas parece no haber disminuido y aún en caso de que esto no sea así, cualquiera sabe que si lo que se hace es propagar el miedo, el consumo tenderá a caer.

 

En todos los sectores de la economía está ocurriendo esto. El pánico se adueño de los clientes que ya no compran autos, no se van de vacaciones, no mudan su vestuario, no hacen grandes regalos de Navidad. Así, claro, todo se frena, las empresas producen menos, disminuyen sus ingresos, suspenden o expulsan empleados y sí, ahí la crisis ya es en serio.

 

Nadie duda de la complejidad del panorama tanto nacional como internacional. Hacerlo sería suicida. Sin embargo, alimentar el problema no es una forma de solucionar la cuestión. Las inyecciones de confianza no se logran con grandes anuncios, con mega inversiones de las que la gente común muchas veces poco y nada ve, sino con demostraciones concretas de manejo de crisis, de capitán domando al timón, arriando las velas e instruyendo a sus marinos.

 

Muy por el contrario, el pánico parece estar ganando la pulseada y todos terminamos por lanzarnos al vacío, con la esperanza de que el agua no esté tan helada como parece o que, al menos, haya algo de agua para amortiguar el golpe.

 

Que la esperanza es lo último que se pierde es una verdad de Perogrullo que por estos días los noticieros se encargaron de reavivar en sus notas sobre la desocupación hotelera en la costa.

 

Lo que sucede es que lo que se pierde primero es la confianza y, en una sociedad consumista como la nuestra, entre ella y la esperanza, parece que ya no hay nada.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP