Economía 01-01-2009 - 593 Palabras
(Economía social)
DESEO ECONÓMICO
Si la economía se midiera en calorías y los índices a tener en cuenta fueran equivalentes a mi ingesta de garrapiñadas, turrón y pan dulce de estas fiestas, todo indicaría que 2009 será un año de abundancia absoluta.
Si acaso las cuentas públicas tomaran como base para su incremento, los
kilos que he incorporado a mi masa amorfa en las últimas semanas, las
perspectivas para el año que comienza serían muy otras.
Sin embargo, la economía –contrariamente a lo que se enseña en las grandes escuelas de números, ecuaciones y gráficos, y lo que se afirma desde foros más o menos institucionalizados y altamente interesados– más que por fórmulas y por lenguajes técnicos se rige por el cúmulo de corazonadas.
¿Cómo es eso? Explico con un ejemplo: por estos días se dice y escucha que
2009 será un año complicado en su primer semestre, pero que a partir de julio
las cosas van a empezar a mejorar.
En otras palabras, lo que se hace es generar un clima negativo para los
tiempos que corren y positivo para los que vendrán. Resultado: la gente
racionalmente reduce su consumo y ahorra para los tiempos difíciles, caen las
ventas, crece el desempleo y se inicia un círculo vicioso confirmando la
primera parte de la profecía.
La segunda parte, la recuperación, es de prueba más compleja aunque
claramente indica que, luego de cerrados los grandes megasalvatajes en las
economías centrales, las multinacionales que queden en pie tendrán más fuerza
que la que tenían antes y habrán logrado crédito con distintos gobiernos a
costa del dinero de los contribuyentes.
Queda de manifiesto que la economía depende en buena medida de la psicología
social y ésta está íntimamente hermanada con la psicología “tradicional” que
depende, básicamente, de lo que cada uno de nosotros haga.
Siendo así, un shock interesante podría resultar en las finanzas mundiales
si todos a partir del primer día hábil de 2009 nos proponemos llevar a la
práctica los deseos del brindis de la nochevieja/buena.
Salvo que usted haya deseado que éste sea un año peor que el anterior o que
sus ahorros se diluyan o que le falte el dinero, probablemente las cosas
tenderían a ir mejor.
En términos prácticos, el desafío es intentar llevar adelante ese proyecto
que tanto anhela, comprar lo que quería, invertir en ese curso que le gusta,
regalarse un viaje, leer más libros, en fin: no achicharrarse.
Porque aquí el gran problema es que el miedo nos está ganando la partida.
En sociología es el miedo a compartir con los otros, el miedo a salir a la
calle, el miedo a ser distintos al resto.
En economía es el miedo a la crisis, fogoneado por quienes, en estos
momentos, están sacando una jugosísima tajada de ese temor generalizado.
Y digo tajada, justamente, para volver a la alegoría gastronómica de las
primeras líneas de esta columna. Porque mientras mi hígado intenta reponerse de
lo que fue un atentado contra su integridad, mientras pienso en las finanzas
internacionales y en los planes que anuncia el gobierno para animar a la gente
a cambiar heladeras que alberguen nuevas delicias con grasas saturadas o de la
línea light, millones de personas pasan hambre a contar desde la esquina de mi
casa.
Eso también es economía. Dejar de mirarse el ombligo –o la panza, para
quienes ya no pueden–, de analizar la realidad en primera persona del singular,
de comenzar a pensar en relación con el prójimo. Ese es mi deseo. Porque de
nosotros depende cambiar esta economía.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP