Economía 08-01-2009 - 550 Palabras

(Transportes)

 

SIN DIRECCIÓN, SIN SENTIDO

 

Un país sin infraestructura es un país condenado a la muerte. Si las mercancías no se pueden trasladar, si los viajantes no pueden ir a trabajar, si los turistas no se pueden mover, si los productos no pueden circular, no importa si hay crisis o bonanza, nada germinará de manera eficiente.

 

Por estos días las miradas apuntan fundamentalmente al traslado desde y hacia los centros turísticos, un verdadero caos que se renueva en cada temporada. A los retrasos de micros y trenes, se suma la escasez de vuelos internos.

 

Durante el año, sin embargo, el problema no sólo persiste sino que, con la actividad normal, se agrava pues no son ya sólo quienes quieren descansar los que se tienen que armar de paciencia y permanecer horas varados, sino también quienes viajan por cuestiones de salud, económicas o sociales, los que pierden días de su vida, inversiones y trabajo.

 

El problema es tanto interurbano como al interior de las propias ciudades. Buenos Aires, por caso, la mayor metrópoli del país, está colapsada hace años. Ingresar al macrocentro porteño en auto puede ser un calvario. Llegar en subte, la forma más veloz, implica hacerlo amontonado luego de dejar pasar tres o cuatro formaciones. Para colmo, las autoridades celebran el alargamiento de las líneas existentes, algo muy distinto del crecimiento de la red.

 

En el plano interurbano, al manifiesto deterioro de muchísimas rutas nacionales y provinciales hay que sumar el descontrol de las empresas trasportadoras. En viaje a Posadas para pasar la Navidad, sobre un micro demorado se informó que estaba frenado en el corte de Gualeguaychú cinco minutos antes de la hora de salida, y que era uno de los que hace rebote Posadas – Buenos Aires, Buenos Aires – Posadas.

 

Se suma así el factor humano como condicionante del mal viaje y de las muertes en rutas. Rutas que, por otra parte, deberían estar despejadas de camiones si no fuera porque con una visión de estrategia verdaderamente negada, en los años 90 se optó por desmantelar la red ferroviaria e impedir, así, el trasporte de carga.

 

En todo el mundo se sabe que el trasporte ferroviario precisa de subsidios, pero es más eficiente al momento de movilizar mercaderías. Los únicos ganadores de políticas como las mencionadas (y que, valga la aclaración, se mantienen hasta hoy intactas) son los camioneros y su sindicato, que aumentaron sustancialmente su carga de trabajo e ingresos.

 

Por si fuera poco, a todo lo anterior se le debe sumar, por aire, las dificultades de conexión aérea que existen entre las capitales de provincia y al interior de cada una de ellas, algo difícil de hacer sin pasar por Buenos Aires.

 

Nuevamente, el viaje aéreo a Posadas se hace una vez por día, en vuelo que sigue de Posadas a Resistencia y de ahí a Buenos Aires.

 

Por tierra, en tanto, cabe agregar el factor corte de ruta, también conocido como piquete cuando quienes lo hacen son integrantes de clases bajas u obreras.

 

¿Un ingrediente más? Los paros sorpresivos.

 

Con las arterias tapadas de colesterol, con las ramas cortadas, el federalismo argentino se va al tacho. Fuimos unitarios y, parece, lo seguimos siendo.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP