Economía 29-01-2009 - 591 Palabras

(Crisis – Soluciones)

 

ECHAR EMPLEADOS ES GARANTIZAR LA CONTINUIDAD DE LA CRISIS

 

Es economía básica, por eso no se entiende que los grandes ejecutivos del mundo estén obrando así. Si se echa a un empleado sus ingresos caen, consume menos y eso impacta en la cadena productiva. Si es uno sólo, a nivel macro no se siente, pero si son decenas de miles los que pierden sus trabajos, el impacto económico es trágico.

 

Es sencillísimo. Es sentido común: si la gente no tiene dinero compra menos, con lo cual las empresas producen menos, se ven empujadas a despedir a más gente y así alimentan la espiral.

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) informó que durante este año unas 50 millones de personas quedarían sin empleo. Entre 1,5 millones y 2,4 millones de ellas están en América Latina.

 

El informe de la OIT también dice que el número de trabajadores pobres –esos que no ganan más de dos dólares por día como contraprestación por su trabajo– puede que aumente hasta alcanzar a los 1.400 millones, un 45% de los empleados mundiales.

 

Esta es toda gente que consume para subsistir. Comida. Cuando puede, ropa.

 

En paralelo, los estados nacionales continúan con los salvatajes, luego de que el gobierno de Bush dejara caer a Lehman Brothers y, tras ello, se generara un gigantesco efecto dominó.

 

Con dinero de los contribuyentes –muchos de ellos empleados o ex empleados de las multinacionales a los que se destinan los fondos del Fisco–, los Estados están teniendo una participación cada vez mayor en la economía.

 

Se dice que estamos atravesando una nueva era del capitalismo. Sin embargo, cuando se piensa que en muchos países son los sectores públicos los que comenzarán a absorber a la mano de obra desocupada y a tener control sobre importantes empresas, bien podría pensarse que estamos en una nueva fase, pero del comunismo real.

 

Como sea que se la quiera calificar, lo cierto es que como en toda crisis los perdedores son las clases medias y bajas, las que están financiando los sueldos varias veces millonarios de los principales actores económicos mundiales, que responden, para colmo, con soluciones que se sustentan en recortes de personal.

 

A principios de esta semana, los bancos en los Estados Unidos anunciaron despidos que les ahorrarían en 2009 unos USD 1.000 millones. Es muchísimo dinero. Ahora, cuando el flamante presidente Obama lanza un plan por USD 820.000 millones, el número de desdibuja y parece muy poco significativo como para equilibrar cualquier balanza.

 

La pérdida que se genera con la disminución en el consumo que traerán esos despidos es, sin lugar a dudas, mucho mayor que el ‘beneficio’ que le ofrecen a la empresa o a la economía en su conjunto.

 

De ahí, sólo un paso para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) anuncie que el crecimiento global esperado para este año será de un 0,5%, la peor tasa registrada desde la Segunda Guerra Mundial. Es obvio: las medidas que está tomando una parte significativa del sector privado no hacen más que avivar el fuego.

 

“Acá hay gente que vendía veneno, que sabía que vendía veneno, que tiene que ir a la cárcel. Yo soy de la industria farmacéutica y si vendo veneno, voy a la cárcel, ¿por qué ellos no?”, dijo un ejecutivo durante el Foro de Davos.

 

La razón le asiste. Y no sólo eso. No sólo no van a la cárcel, sino que además son los que con su sola firma deciden cuantas miles de familias dejarán de comer a partir de mañana.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP