Economía 04-02-2009 - 555 Palabras
(Crisis internacional – Confianza)
¡BASTA DE CRISIS!
Sin lugar a dudas, el temor puede más que la realidad. Sucede cuando niños,
con los monstruos que aparecen cuando se apaga la luz, pero también cuando
grandes, cuando las crisis amenazan hasta convertirse en realidad.
Los números que maneja la Cámara Argentina de Comercio, el turismo interno,
el gobierno y la oposición están diciendo que el impacto del fenómeno mundial no
es grave y mucho menos que cercano a lo que vivimos en 2001/2.
Los pronósticos agoreros dicen que pegará con mucha
fuerza, con despidos y cierres de empresas. Ergo, la gente ahorra más, consume
menos, las empresas venden menos, echan y cierran. Así, cualquier idiota
acierta.
Lo cierto es que la crisis gestada en los Estados Unidos es, como todas las
de su clase, ni más ni menos que una demostración de la falta de confianza en
el sistema.
Si yo estoy convencido de que el dinero que deposito en un banco sigue
siendo mío hoy, mañana y siempre; si estoy seguro de que voy a tener un trabajo
que me provea de ingresos suficientes por los años de los años; si sé que la
moneda no variará en su poder de compra en el mediano y largo plazo, confío,
consumo, me endeudo y disfruto a cuenta.
¿Cuánto de racionalidad hay en esto? Que me disculpen los grandes
economistas del mundo, pero en la mayoría de los casos las decisiones son
viscerales, psicológicas o de imitación, más que aferradas a gráficos y curvas
complejas.
La crisis que hoy sobrevuela en las macroeconomías del mundo afecta en la
microeconomía no sólo por el arrastre obvio, sino porque la desesperación es
una enfermedad que se contagia fácilmente.
Que un verdulero de General Roca vea afectado su negocio por los
desbarajustes que Madoff ha hecho en Wall Street o por la caída de Lehman
Brothers o porque Obama no consigue que el Capitolio le apruebe su plan, no se
llama globalización sino contagio de miedo.
La salida de cualquier crisis, más allá de inyecciones de dinero, de
políticas keynesianas, ortodoxas, heterodoxas o extraplanetarias, está en el
shock de confianza que debe recibir la gente común.
Y, sin embargo, desde los centros mundiales de poder económico no se hace
más que trasladar la fobia a una crisis que, para buena parte de la población
mundial es más un problema de ricos que una realidad palpable, sino fuera por
el mencionado contagio.
Que la crisis financiera estadounidense se haya convertido en una crisis
económica mundial, incluso en su denominación, da buena idea de este fenómeno. Es
puro sentido común. El miedo no es sonso y responde a los estímulos del
entorno.
Pues bien: si los empresarios del mundo hablan de cierres de sucursales, si
los diarios sólo encabezan con noticias en amarillo, si creemos que el granjero
de Alabama debe responder por lo que hicieron los especuladores de la Gran Manzana,
estamos aceptando jugar a un juego que no es el nuestro.
Que tenemos que acompañar y colaborar, es claro. ¿Cómo? No sumando más
miedos, sino aportando las experiencias de crisis que cualquier argentino tiene
por decenas en su haber.
Siempre que llovió, sabemos, paró.
Basta de crisis. Basta de fantasmas. Porque detrás de ellos, mientras
nosotros temblamos, hay quienes se están llevando el dinero de los pueblos del
mundo.
Alcides Cepeda
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Agencia MP