Economía 05-03-2009 - 567
Palabras
(Crisis)
NO SE PIERDE LO QUE NO SE TUVO
He perdido muchas cosas desde aquél autito de juguete, olvidado en la orilla del lago de Villa Rumipal, en el Valle de Calamuchita, en Córdoba. Desde entonces, la cartuchera de segundo grado, el cuaderno de comunicaciones cada vez que tenía una mala nota, las llaves de casa, el teléfono celular, un par de libros. He perdido de todo a lo largo de estos años y aprendí, con ello, que hay cosas que no se pueden perder.
La cabeza uno no la pierde, decía la Señorita Ana, de primero inferior,
porque la tiene pegada al cuello. Y así como uno no pierde el coco, tampoco
puede perder aquello que nunca tuvo.
Por eso es que tanto me llama la atención las pérdidas que están declarando
las empresas multinacionales y, en especial, las estadounidenses, con cifras
que dejan pasmado a cualquiera.
El gigante de los seguros American International Group (AIG) declaró pérdidas por 61.700 millones de dólares en el último trimestre, lo que equivale a una sangría de 460.000 dólares por minuto. Durante todo el año pasado, computó un rojo de 100.000 millones de dólares.
Yo he perdido dinero. Todos lo hemos perdido, aunque sea una moneda. Pero 460.000 dólares por minuto sin hacer nada al respecto, no.
El Citigroup, el Bank of America, el HSBC, son empresas que han perdido en los últimos meses más dinero que el que la mayor parte de los Estados del planeta tienen como fondos de reserva para hacer frente a tempestades como las que están soplando.
¿Verdaderamente estas empresas tenían este dinero o es que, acaso, durante mucho tiempo dejaron de ganar dinero haciendo cosas y empezaron a construir dinero sólo en base a dinero?
Claramente, el origen de la crisis que nos preocupa a todos está en esta segunda
modalidad, que construyó pirámides financieras, escaleras, acertijos y
escondrijos para inflar la burbuja más grande nunca jamás realizada.
No hacía falta ser un genio para entender que si una automotriz produce
equis autos al año, vente equis menos ye a un precio zeta, sus ganancias no
puede ser mayor al resultado de la resta, con un plus del stock del ejercicio
anterior vendido en éste, menos gastos. Sin embargo, Bolsa mediante,
inversiones financieras, construcciones demoníacas de por medio, lograba convertir
uno en cien, cien en millones.
¿Eran dueños de ese humo?
Bien podría responderse que el que las hace, las paga. O que nadie los
empujó a operar de manera irresponsable. O que el riesgo empresario incluye la
pérdida de dinero como realidad.
Sin embargo, resulta que no se les puede decir eso a la ligera porque detrás
de cada una de estas empresas hay decenas de miles o cientos de miles de
familias que trabajan y viven en función suyo. Si se caen, gigantes como son,
aplastarán a millones.
¿Salvarlas a todas? ¿Estatizar a algunas? ¿Crear empresas que absorban toda
la basura generada por aquellas para depurarlas y luego dejar morir al nuevo
engendro? La salida que se elija no será fácil.
Hoy, por lo pronto, se toma la variante de las inyecciones de billonadas
que salen del bolsillo de los que ganan poco para darle a los que ganan más
algo que ni siquiera era de ellos.
Parece demasiado lógico desde el punto de vista económico. Muy injusto
desde una mirada de la equidad y la justicia.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP