Economía 19-03-2009 - 559 Palabras
(Divisas - Cotizaciones)
HACIA UN LADO Y HACIA EL OTRO
El euro cerró a 5,01 en las casas de cambio porteñas, veinte centavos más que al cierre de ayer, por la depreciación del dólar con respecto a la moneda de la Unión Europea a nivel global.
Para quienes nunca han visto un euro o un dólar, la noticia puede ser
intrascendente, pero encierra un sinfín de intríngulis económicos, monetarios y
financieros que podrían llenar bibliotecas enteras con la pluma de los más
grandes analistas del mundo.
Trasladada al escenario doméstico, la noticia llama la atención porque vemos que en el mundo el dólar se deprecia, mientras que en la Argentina de las últimas semanas parece no estar dando tregua en su apreciación.
Una vez más, nuestra economía nada contra corriente, generando incentivos
para exportadores que pueden vender cada vez menos en los mercados
internacionales, que empiezan a cerrar ventanas, persianas y a poner carteles
del tipo “nosotros vivimos con lo nuestro”.
¿Por qué se valoriza el dólar en nuestro país, cuando los dueños de esa moneda, los Estados Unidos, están atravesando una de las crisis más graves de su historia económica? ¿Le estamos haciendo el aguante al Tío Sam para que no se sienta solo? ¿Acaso creemos que pasaremos a ser nuevamente su amante carnal, como lo fuimos en los 90?
Nada de eso. El dólar se cae en su valor alrededor del mundo justamente por
los problemas económicos y financieros que están azotando a los Estados Unidos.
Aumenta en la Argentina, en cambio, por cuestiones internas más que de la
esfera internacional.
La falta de credibilidad en otras colocaciones, la imposibilidad de
invertir en bienes que excedan el consumo corriente ante la falta de créditos
hipotecarios y prendarios, la caída de la confianza en el gobierno acompañada
por el descrédito absoluto del que disfruta el Indec y todos los números que él
publica hacen que crezca la demanda de monedas consideradas ‘seguras’.
Más allá de si verdaderamente lo son o no, lo cierto es que los argentinos
solemos recurrir a la compra compulsiva de dólares en momentos de inestabilidad
o, si se prefiere, en los que la falta de claridad para la toma de decisiones
racionales convierte nuestra vida en una tensión permanente.
Esto, claramente, no es achacable sólo a la actual gestión. Las corridas
por las casas de cambio y bancos han acompañado nuestras vidas desde niños y
hasta la muerte.
El descrédito, la falta de confianza y la incapacidad para reconstruirla es
lo que hace que, una vez más, nuestro país vaya contra corriente. A nosotros,
importar hoy nos sale muchísimo más caro que a cualquier mercado del mundo.
Exportar, en cambio, nos deja grandes ganancias. El problema, reitero, es que
cada vez son menos los que están comprando.
¿Se justifica dejar al dólar bailar?
En la concepción del gobierno, la respuesta es obvia. Se dice que se
privilegian los fondos del tesoro por sobre las situaciones de coyuntura.
Algunos creen que solamente están esperando el momento para bajar
artificialmente la cotización y castigar a quienes no confiaron en las
políticas oficiales. Otros, en cambio, se contentan con la idea de que con esta
cotización lo percibido por retenciones aumenta.
Pero, en definitiva, lo que el mundo percibe es que ellos están yendo para
un lado y nosotros, pecho al viento, para el otro.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP