Economía 26-03-2009 - 550 Palabras
(Crisis – Respuestas)
LA NO ECONOMÍA QUE SUPIMOS CONSTRUIR
La gente sigue comiendo. La gente se sigue vistiendo. La gente sigue
saliendo. La gente sigue viviendo.
La palabra crisis, que nos llena el cuerpo en cada inhalación, no logra
someternos. Todo el mundo habla de ella. La información abunda sobre manera. El
problema originado en los Estados Unidos está llamado a convertirse en flagelo mundial.
Llamado, convocado, invocado.
Sucede que hay quienes esperan ansiosos la llegada de la crisis con la fuerza arrasadora de un tornado o de un huracán. Se regodean por el sólo hecho de pensar que al gobierno le pueda ir mal, sea por algo achacable a él, sea por culpa de terceros lejanos. Prefieren vernos a todos languideciendo, que al oficialismo en algo victorioso.
No es ésta, claro está, una oda a la política económica gubernamental. Muy
por el contrario, a aquella podría calificársela de muchas maneras menos de lógica,
razonable, estratégica, prudente, desarrollista, pujante o cualquier otro epíteto
que sirva para halagarla. De hecho, es una política basada en la simulación y
tergiversación de índices y estadísticas, en la negación de realidades y en el
castigo a quienes son los que están y estuvieron sacando al país adelante.
Sin embargo, no porque la administración tenga sus varios traspiés y
trastadas se puede dejar de marcar el punto: hay quienes ven crisis desde hace
años, incluso antes de que la norteamericana se expandiera al resto del mundo.
Hay quienes blanden sus sables a la búsqueda de una cabeza, porque las políticas
desplegadas no comulgan con sus intereses, sean económicos, sean ideológicos.
Porque, a no dudarlo, más allá de los yerros, de una política desacertada
respecto al campo y al sector exportador en general, de los engañapichangas del
Indec, de la disparada del dólar, de la falta de protagonismo del Ministro del área,
buena parte de las críticas tienen un componente ideológico, no económico.
¿Se puede encarar una tarea tan delicada y sensible, como la administración
económica de un país, con un Estado que miente y una crítica que, lejos de
construir, destruye?
La Argentina tiene condiciones –las ha tenido siempre– para competir en los
mercados internacionales. Aquello de todos los climas, las geografías, los
recursos naturales, la ganadería y la agricultura, encuentran hoy sus
complementos en el potencial tecnológico que hay en provincias como Córdoba y
San Luis, el biológico que hay en Buenos Aires, el cultural que hay en todo el
territorio.
Pero la Argentina no sólo tiene estos atributos, positivos todos ellos,
sino que está gobernada por clases dirigentes mezquinas, que sólo quieren
salvarse ellas a costa del hundimiento de los demás.
Este salvarse, vale la aclaración, no es sólo en términos económicos. Juegan
también las pequeñas peleas de poder, la búsqueda del estrellato, el bronce, el
liderazgo, el favor de la opinión pública o el simple hecho de sentirse
importante. Todas ellas, además, tienen como denominador común la imposibilidad
de alcanzar consensos mínimos que fijen el rumbo para un país que no lo tiene.
Esto, claro está, no se llama economía ni aquí ni en Tagamandapio, pero
amerita una columna de análisis económico porque, al fin de cuentas, en el día
a día, es la ‘no economía’ que supimos construir.
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP