Economía 02-04-2009 - 452 Palabras

(Alfonsín)

 

LAS COSAS EN SU JUSTA MEDIDA

 

En estos días de congoja, las palabras disfrazan los sentimientos, los recuerdos se nublan, los críticos murmuran por lo bajo y reflotan la herencia económica que dejó el gobierno de Don Raúl.

 

Las páginas se llenan de datos, históricos y no tanto, sobre el paso por el gobierno de un hombre que supo marcarle el pulso a la redemocratización no sólo de la Argentina, sino también de América Latina.

 

Algunos, sin embargo, marcan como hitos de su gestión la hiperinflación que apuró su salida del gobierno, asumido por Don Carlos Saúl. Olvidan, sin embargo, dos detalles de oro que dimensionan el caos económico y financiero que azotó a la Argentina de finales de los años 80.

 

En primer lugar, no es en vano recordar la deuda externa que dejó el gobierno militar a su salida, inflada de manera escandalosa –aunque nunca lo suficientemente cuestionada e investigada– por una decisión de un entonces joven funcionario, de estatizar la deuda privada.

 

Domingo Felipe Cavallo, tal su nombre, fue el encargado de traspasarle al Estado o, mejor dicho, a todos sus habitantes, las deudas que las corporaciones locales (algunas aún hoy en pie, otras vendidas a capitales foráneos) utilizaron en los años oscuros para armar imperios casi de la nada, con un pagadios que terminamos pagando –o debiendo, para ser sinceros– los trabajadores de siempre.

 

Pero Domingo Felipe Cavallo no sólo dejó este bonito presente al nuevo gobierno, sino que antes de ser el hombre del 1 a 1, el superministro, el candidato a jefe de gobierno porteño y a tantos otros cargos que precisan de moderación y capacidad de negociación, sino que gestó la debacle de fines de los 80 operando para frenar todos los préstamos que la Argentina solicitaba a los organismos internacionales de crédito.

 

Fue la escasez de fondos la que catapultó la subida de precios. Fueron, obviamente, también los desaciertos económicos del gobierno alfonsinista, pero se hubieran evitado muchísimos estómagos vacíos si los préstamos internacionales hubiesen llegado de la misma forma en que lo hicieron años más tarde, para privatizar las empresas estatales que, durante el gobierno del chascomusense los justicialistas se negaron a apoyar por considerarlos una traición a los intereses nacionales.

 

Alfonsín fue un hombre brillante. Su gobierno tuvo tiempo en el contexto que, sin ningún lugar a dudas, fue el más complejo que tuvo que atravesar un alto mandatario en los últimos treinta años.

 

Endilgarle hoy, mañana o ayer, la responsabilidad por un fracaso económico alimentado por quienes se auto-erigen en salvadores de la nación, es a lo menos, traicionar la memoria del prócer del siglo XX.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP