Economía 09-04-2009 - 586 Palabras

(Crisis)

 

DOS ECONOMÍAS BIEN DISTINTAS

 

Teresa vive en un pueblo al sur de Neuquén. Tiene tres hijos. Trabaja como maestra en la escuela de la zona y a la noche cuida a un abuelo para completar un sueldo que le permita llegar a fin de mes.

 

Carlos Francisco tiene una carnicería en las afueras de Salta. Por lo general, reserva algunos cortes para el puchero de la noche. También le lleva un poco de carne a María, una vecina que vive sola y no encuentra trabajo hace unos cuantos meses.

 

Alejandro circula por los andenes del Gran Buenos Aires. Hace changas: pinta, poda, planta, cambia cueritos, arregla puertas y cerraduras. Sus ingresos son variables, pero como es solo, con eso le alcanza.

 

Florencia estudió en la facultad. Se recibió de Licenciada en Administración de Empresas y trabaja en un estudio, durante 14 horas por día, a cambio de 800 pesos en negro.

 

A Juana no le va mejor. Se acaba de jubilar luego de 38 años de aportes y recibe, a cambio, algo más de 1.100 pesos.

 

La historia de José es otra: está haciendo cola en el hospital para que le digan por qué le subió la fiebre a su compañera. Cree que puede que sea el dengue, porque la mujer trabaja en su casa, rodeada de lodazales y aguas quietas.

 

Yo, Alcides, alquilo una pieza en la zona de Constitución. Ya pasé los cincuenta años y los ochenta quilos. Mi trabajo es caminar la calle, contactar clientes para un par de empresas; sentir qué pasa entre la gente, desde el punto de vista económico, y escribirlo.

 

Teresa, Carlos Francisco, Alejandro, Florencia, Juana, José, Alcides, hay de a miles en la Argentina y de a millones en el mundo entero. Somos la gente común, la que vive al día, la que tiene que trabajar para sobrevivir.

 

De nosotros no se ocupan ni los grandes medios nacionales, ni las consultoras de economistas encumbrados, ni los grandes prestadores de créditos, ni el Fondo Monetario, ni el estafador Madoff, ni el caído Lehman Brothers ni la por caerse General Motors.

 

A nadie le importa si para nosotros esta crisis es nueva o es un eslaboncito más en nuestras vidas de correr la coneja siempre muy por detrás.

 

El mundo está en crisis y la crisis, nos quieren hacer creer, arrancó porque los bancos decidieron prestarnos plata a nosotros, los antepenúltimos orejones del tarro (más atrás están los que no tienen ningún tipo de ayuda ni ingresos y los excluidos o los que mueren por la exclusión).

 

En realidad, la crisis no arranca por abajo, sino bien por arriba, por la avaricia desmedida de las grandes corporaciones y de quienes forman parte de ellas, en la búsqueda de más y más dinero sin importar si nos matan para obtenerlo.

 

La culpa está en la falta de controles de una economía global que cree que al mundo le va bien porque a las clases medias y altas la vida les sonríe.

 

La crisis internacional la deben resolver quienes la generaron, absorbiendo los impactos en carne propia. La macroeconomía explica el mundo de las naciones y le sirve a los ricos para tomar decisiones. A nosotros, los que estamos abajo, el cambio en el precio del tomate nos pega en la cara todos los días, sin que el tomate cotice en la Bolsa de las grandes ciudades.

 

Vivimos dos economías bien distintas. De una se ocupan todos, de la otra nos preocupamos sólo los que la padecemos.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP