Economía 23-04-2009 – 550 Palabras

(Precios)

 

NO TAN VIVOS COMO CREEMOS

 

Escena 1: El grupo de turistas españoles va caminando por una turística ciudad del sur argentino y exclama: “¡No lo puedo creer! Es más caro el cordero patagónico acá que en Puerto Madero”.

 

Escena 2: La parejita feliz consiguió que le dieran en sus trabajos un mes de vacaciones en enero y se encontraron con que alquilar una casa en la Costa Atlántica podía salir lo mismo que viajar a Europa durante el mismo tiempo, incluyendo pasajes aéreos.

 

Escena 3: El fin de Semana Santa en Cariló, sin irse muy lejos, cuesta lo mismo que estar dos semanas recorriendo México.

 

¿Alguien puede explicar por qué pasa esto?

 

Podrá decirse que la inflación hace estragos, por más que el Indec lo desmienta; podrá hablarse de precios rezagados; de aumento de la demanda; de la huella ecológica que dejan los turistas, o de lo que Margarito Tereré decida, que nada de lo que se diga será más que excusas.

 

Los argentinos, sea por la inestabilidad a la que nos acostumbramos desde chicos, sea por lo que diantres uno quiera suponer, intentamos cumplir a rajatabla con el punto de equilibrio en el juego de la oferta y la demanda aumentando los precios cuando la cantidad requerida se eleva, pero manteniéndolos firmes cuando aquella cae.

 

En la práctica, eso hace que en el marco de una crisis sean muchos los que prefieren perecer antes que ajustar sus abultados valores.

 

En el alquiler de locales en las grandes ciudades se está viendo esto con alarmante claridad. Locales vacíos en centros neurálgicos y paseos de compras son un claro ejemplo de negociaciones por precio, que no llegaron a buen puerto.

 

El desfasaje con la realidad es lo que hace y ha hecho por muchísimo tiempo que los argentinos eligieran Brasil y sus playas paradisíacas para pasar las vacaciones, antes que los ventosos y fríos balnearios bonaerenses a precios de Ibiza.

 

El gran salto económico, deberíamos saberlo de una buena vez, no se da de un día para el otro o en una temporada, sino que precisa de una continuidad en el trabajo, en la calidad del producto o servicio ofrecido y en el trato con la gente.

 

El camino corto y fácil, el que solemos tomar, no conduce a ningún lado. Son mendrugos para hoy, hambre para mañana lo que se construye con estas políticas de salvación en el plazo inmediato.

 

El turista disconforme no sólo no vuelve, sino que le recomienda a sus amigos no ir jamás a ese lugar.

 

¿Implica esto que la Argentina pierde sus cualidades turísticas? En lo que hace a escenarios naturales o, mismo, en materia de precios relativos, sigue siendo un destino maravilloso por descubrir. Pero que en un quiosco una gaseosa cueste tres pesos de día y seis cuando en los alrededores hay un evento público a la noche, es verdaderamente vergonzoso.

 

¿Qué hacer? Trabajar en el cambio de enfoque, en la adaptación cultural para que no creamos que esto que hacemos entre todos no tiene secuelas.

 

Nosotros mismos elegimos viajar a otros países y cuando dentro de la Argentina encontramos aquél lugar que se sale de la regla, decimos que no parece parte de nuestra patria querida.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP