Economía 21-05-2009 - 595 Palabras

(Crisis)

 

¿QUIÉN PAGARÁ LA CRISIS?

 

“Que la crisis la paguen los capitalistas”. Eso dicen las pancartas del Partido Obrero. El slogan, frente a la puerta de un shopping hastiado de manos con bolsas de marca, invita a preguntarse quiénes son, en realidad, esos capitalistas.

 

El candidato (banquero) del Frente para la Victoria, aún al frente del Credicop, dice desde una imagen pétrea algo así como “más crecimiento para una mejor distribución”. Hace un par de años, ideológicamente, su frase hubiera sido “una mejor distribución para más crecimiento”.

 

Parece que alguien se ha extraviado en el camino.

 

Las contradicciones y las paradojas del escenario económico actual pueden exasperar al más calmo. La crisis es un muy buen ejemplo para ello.

 

Pongámoslo así: supongamos que el año pasado su casa tuvo una ganancia de, digamos, $ 1 millón. No está mal. Es $ 1 millón para hacer lo que usted quiera. De sobra. Para ahorrarlo, quemarlo, invertirlo. LO-QUE-SEA.

 

De repente estalla una crisis descomunal en los Estados Unidos y castiga a Europa, a Asia y a América Latina (no sumamos a África porque ellos son constantemente castigados, haya o no crisis en otras regiones; a lo sumo, será un poco más). La crisis llega a su casa y usted, en lugar de ganar neto $ 1 millón, se embolsa $ 200.000.

 

Nuevamente, son $ 200.000 para lo que se le antoje. Un viajecito, un cambio de auto, la refacción de la casa, cena afuera dos veces por semana. En fin, lo que pinte.

 

Obviamente, los números son ficticios, pero la proporción es real. Si el año pasado fueron 10, éste serán 2.

 

Bajo esas condiciones, ¿cuánto de su forma de vida estaría dispuesto a cambiar? No mucho, ¿no? Porque, claro, usted y yo vivimos con lo justo y no tenemos márgenes de ahorro. Llegamos a fin de mes a gatas y si nos descuentan el presentismo –en caso de tener un trabajo que lo reconozca–, probablemente estemos complicados.

 

Sin embargo, el suyo no es un problema. O lo será para usted, porque a nadie parece importarle. La megacrisis global, esa que lleva a la quiebra a grandes multinacionales, tiene olorcito a bleuf. Las empresas que durante décadas estuvieron ganando cientos de millones dicen estar obligadas a suspender personal como usted, porque llevan un año y medio sin tener resultados positivos.

 

Convengamos que si usted tuviera posibilidad de ahorrar alguito y, de la noche a la mañana tuviera un problema financiero, antes de salir a cortar cabezas consumiría sus restos. Es algo así como la hibernación en los animales que las grandes generadoras de empleo no están dispuestas a hacer.

 

De hecho, la solución que encuentran las mega-empresas es transferirle sus problemas a otros. Despidos, pedidos de salvatajes estatales, incumplimiento de sus deberes fiscales y previsionales. ¿Moraleja? La crisis no la pagan los que la provocaron, sino los que no tienen ningún margen de maniobra para escaparle.

 

No es nuevo. Desde siempre ha sido así. La diferencia, tal vez, es esa dificultad que hoy tenemos para descifrar quién es quién. En la antigüedad era muy fácil saber quién era esclavo y quién ciudadano de la polis. Hoy, el gerente de orín de la sucursal 4590453 de una empresa, se cree un magnate porque en la casa tiene un plasma de 42 pulgadas. Echa gente con un dedo porque la casa matriz se lo pide, y se vuelve funcional hasta que el sablazo le toca a él.

 

“Que la crisis la paguen los responsables”. Eso sería lo justo. Pero eso no va a pasar.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP