Economía 04-06-2009

(GM)

 

¿HAY QUE SALVAR A LOS GRANDES?

 

La caída de General Motors, empresa que recibirá para su salvataje unos 50.000 millones de dólares por parte del gobierno de los Estados Unidos, invita a preguntarse por la lógica de rescatar a las grandes compañías en apuros económico-financieros.

 

Para explicarla, de un lado está la racionalidad económica más fría, que indica que la industria automotriz es responsable por la generación de millones de empleos en todo el mundo, directa e indirectamente. De ella viven otras tantas industrias que precisan de compradores sólidos para poder desarrollarse.

 

Si se cae, pues, un gigante, todo a su alrededor se desmorona.

 

Del otro lado del arco explicativo está la lógica del contribuyente, que ve como sus impuestos se destinan ya no a educación, a la salud, a la justicia y a la seguridad, sino a solventar los negocios de una multinacional que ha tenido una mala racha desde, por lo menos, 2005, con un acumulado a la fecha de 90.000 millones de dólares perdidos.

 

En el medio hay una serie de razones igual de atendibles.

 

Una de ellas habla del riesgo empresario. Se sabe que cuando se arranca un negocio, el éxito no está garantizado y los motivos para el fracaso son muchísimos: que se lo administre mal, que la demanda no aparezca, que el contexto lo haga inviable, sea por cuestiones económicas, sea por la inseguridad física o jurídica.

 

Siendo así, es lógico cuestionar sobre el por qué hay que limitarle el riesgo a los grandes. Al fin de cuentas, si al kiosquero de la esquina le dejamos de comprar, pronto su negocio tendrá las rejas bajas y el Estado difícilmente venga en su auxilio.

 

Esto está ligado, también, a la propia responsabilidad del quebrado. En el caso puntual de General Motors, sus críticos dicen que ha quedado demodé en cuanto a modelos y uso de nuevas tecnologías, tendientes a competir en un mercado cada vez más duro, en el que abundan los modelos importados, tendientes al uso de energías limpias.

 

Quien no sabe adaptarse a los tiempos, sucumbe, dice la historia económica y política mundial.

 

En esta línea, salvar a un gigante que, por su modelo de negocios está al borde de la agonía, puede implicar simplemente posponer su desguace final, o bien mantener un símbolo de una nación.

 

Justamente, la variable psicológica, extraeconómica, tiene un impacto que invita a traerla a la mesa de análisis. La GM es todo un emblema norteamericano, unida a valores, a culturas, a formas de ser y encarar la vida.

 

Dejar que ella caiga puede ser visto, por los consumidores estadounidenses, como un síntoma de desmoronamiento generalizado. También se sabe, el temor es el peor enemigo de la economía capitalista.

 

Siendo así, tal vez la lógica del salvataje que está empleando el gobierno de los Estados Unidos haya que rastrearla más por el lado de las ciencias sociales ‘postergadas’, como la sociología, la filosofía o la antropología, que por los gélidos reflejos de las cuentas nacionales o las demandas y ofertas agregadas.

 

Sólo así se puede comprender una lógica que parece no tenerla y que puede que busque, en el fondo, que el efecto cadena no termine en un lastre difícil de levantar.

 

Alcides Cepeda

redaccion@agenciamp.com.ar

Agencia MP