Economía 09-07-2009 - 550 Palabras
(Día de la Independencia)
¿EXTRANJERO EN MI PAÍS?
Anoche, poco antes del cierre de la programación, justo cuando dieron las
doce, los canales de aire se tiñeron con las estrofas del Himno Nacional
acompañadas con imágenes de personas y paisajes, flora y fauna emblemática de
nuestro país.
El Día de la Independencia, confundido infinidad de veces con el del
nacimiento de la Libertad, y los curiosos seis años que separan a un
acontecimiento de otro me dejaron literalmente afuera de cualquier tipo de
festejo.
Llevo 55 años recorriendo la madre patria, trabajando por un país que
anoche me reconoció a la cara que no me tiene en cuenta.
No soy yo ni las Cataratas del Iguazú ni los paisajes barilochenses, ni una
vaca lechera ni un gorrioncillo pecho amarillo. Eso es obvio. Pero tampoco soy
un gaucho, ni un cosechador de yerba mate; no soy un pequeño que se come los
mocos mientras una maestra intenta darle clase en una escuelita rural, ni un
estibador. Yo no estaba allí.
La publicidad hacía foco en una franja poblacional que no por ser
mayoritaria –cosa discutible, también– es la única referencia de nuestro país.
Dejaba afuera a intelectuales, profesionales, citadinos de clase media, no
sólo con títulos universitarios sino también al mozo de bar, al kiosquero, al
policía y a la peluquera.
Más allá de lo anecdótico, de lo ‘pintoresco’ de las imágenes, el punto
está en qué tipo de país creemos que somos.
¿Somos una economía primaria donde el pastoreo se hace a caballo? ¿Somos un
país agroindustrial? ¿Somos una tierra de industrias? ¿De servicios? ¿Estamos
tan llenos de obreros y tan carentes de conocimiento técnico? ¡Un psicólogo por
ahí!
No aparecían ni funcionarios, ni chicos de escuelas privadas. Tampoco
estaban los guardaparques de nuestras maravillas naturales ni la televisión que
le exportamos al mundo. No había un asado en familia y tampoco aparecían los
recitales a cielo abierto.
Estaban, sí, Maradona, Ginóbili y Nalbandian. No estaba el encargado de mi
edificio, ni el colectivero. Tampoco estaban los campeones que juegan al fútbol
para ciegos, ni las personas con capacidades especiales. No había abuelos.
Tampoco bebes.
No sólo no estaba yo en este modelo de país. Tampoco estaba usted, leyendo
el diario; ni mis colegas que lo escriben y lo producen.
No había expresión artística más allá del tango, olvidando que por más
cerrado que esté, el Colón y otras tantísimas salas del país albergan mucho más
que una manifestación de la cultura.
No estaban las artesanas del norte, pero si la azada en movimiento. No
había tractores, pero sí changarines.
¿Cuándo fue que el país que se creía parte de Europa se reconoció
agrícola-medieval? ¿Dónde estaban los médicos que le pelean a la escasez para
salvar vidas? ¿Dónde la mujer que coordina el comedor comunitario? ¿Dónde está
el Juez que deja adentro al malvado y el que luego lo devuelve a la libertad?
Esa no era la Argentina de verdad.
El Día de la Independencia empezó haciéndonos a un lado a muchos que
queremos y nos creemos parte de este país, a los que reconocemos las
diferencias de nuestra patria y las amamos hasta el fondo de nuestras entrañas.
Ojalá algún día nos incluyan y consideren que todos somos parte de una
misma nación.
Alcides Cepeda
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Agencia MP