Economía 30-07-2009

(Comercio - Crisis)

 

PERSIANAS BAJAS

 

Santa Fe y Callao. Pleno corazón comercial de la Ciudad de Buenos Aires. Una, dos, tres, diez persianas bajas en hora pico. ¿Acaso comenzaron a dormir la siesta en la metrópoli? No. Son locales impactados por la crisis.

 

Los turistas mermaron en cantidad de llegadas y de compras. Las bolsas en sus manos ya no desbordan, como lo hacían dos o tres años atrás. Apenas unos alfajores o una prenda de vestir de marca internacional, con un precio aun levemente conveniente para el comprador extranjero.

 

El resto, se achica. Como la casa de trajes en la que mi familia se supo vestir. Hace treinta años, las telas italianas se combinaban con las inglesas, galesas y escocesas. Había hilos egipcios y mucho género nacional. El local llegaba hasta el pulmón de la manzana, daba la vuelta internamente y ofrecía una segunda salida a la calle.

 

En el 2001 redujo su espacio a la mitad y volcó sus compras al 100% nacional. Hoy, ocupa un espacio similar al de un living-comedor y sus dueños se miran en silencio, pues ya no tienen de qué hablar.

 

Es cierto que las modas cambian y el vestir de hoy no es el de ayer. Pero mucho más cierto es que la crisis está impactando en el consumo de los paseantes en todo el mundo.

 

En la Argentina se agrega, además, una reacción tardía por parte de los propietarios de locales comerciales, para ofrecer o aceptar rebajas en los montos de alquiler. Lo que se pagaba antes, hoy es impagable; y ante la obstinación, las puertas se cierran.

 

En contrapartida, vemos un crecimiento de las compras virtuales. Productos discontinuados, remanentes de stock o de importación, pero también locales a la calle y particulares aprovechan los espacios digitales de bajo costo para promocionar sus productos y tratar de salvar, al menos, parte de sus inversiones.

 

La economía está mostrando nuevamente una dura realidad que repercute en la generación de empleo, el humor de la población y, obviamente, en la calidad de vida.

 

Ante el diagnóstico, existen varios tratamientos propuestos, sea por las autoridades nacionales, provinciales y municipales; como por organismos internacionales; cámaras sectoriales y analistas de todo tipo.

 

El menú es variado y va desde un mayor intervensionismo estatal, hasta una rebaja en la carga impositiva, pasando por la implementación de trabas a las importaciones y exportaciones con diferentes grados, colores y matices.

 

¿Alcanza con eso? ¿Es sólo una cuestión de políticas y medidas económicas? ¿O será, como lo es la inseguridad jurídica, un fenómeno alimentado por nuestra cultura social?

 

Por estos días, los comercios ofrecen descuentos del 40 ó 50%. Para hacer una cosa así y mantener la actividad comercial basada en el lucro, el consumidor bien puede deducir que antes le estaban cobrando ese porcentual por demás.

 

El punto es que la economía no pasa sólo por lo que dicen los especialistas o los dirigentes, sino que todos nosotros, cuando salimos a la calle y aun estando en nuestras casas, somos en parte participes de ella, y si no contribuimos a que las cosas cambien, difícilmente las persianas se vuelvan a levantar.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP