Economía 13-08-2009 - 573 Palabras

(Migración)

 

QUÉ LÁSTIMA, PERO ADIÓS

 

Más de 800.000 argentinos, el 2,1% de la población total, se fueron del país desde la crisis de 2001, según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en base a datos de 2008 del Banco Mundial.

 

El volumen es alto, pero como ocurrió en las distintas épocas de gobiernos autoritarios y militares en nuestro país, no sólo es cuestión de cantidad: lo que se fue es justamente lo que un país razonable no quisiera que se vaya.

 

En aquellos años, intelectuales, científicos, pensadores y jóvenes promesas dejaron atrás a la Argentina. En este siglo, son jóvenes profesionales en edad productiva los que huyen. En ambos casos, el impacto económico y social es enorme, sin necesidad de ahondar en la llaga afectiva que deja la emigración, tanto para el emigrado como para su entorno.

 

¿Por qué una persona decide cambiar su lugar de residencia? Si bien hay casos en los que la aventura, la búsqueda de nuevos horizontes y oportunidades, el amor o los ideales están ligados a esta decisión de vida trascendental, lo cierto es que las persecuciones de todo tipo (motivadas en cuestiones raciales, religiosas, políticas, de género y de orientación sexual) y la falta de posibilidades y oportunidades económicas, encabezan el ranking de explicaciones posibles.

 

Así las cosas, el informe de la OIM destaca el aumento del envío de remesas desde el exterior hacia la Argentina por parte de los migrantes, que trepa a USD 920 millones en 2007, equivalente al 0,4% del PBI y a un incremento del 900% respecto a las cifras de 2001.

 

Cuentas rápidas muestran que un 2,1% de la población calificada contribuye con un 0,4% del PBI. Resultado directo: un país pierde plata cuando su gente valiosa se va.

 

“El sector privado trata de afrontar la coyuntura mediante la capacitación de personal y la contratación de mano de obra que pueda ser reconvertida. Algunas empresas, de capitales extranjeros o pertenecientes a grupos empresariales que operan en distintas regiones del mundo, han recurrido a políticas de rotación interna del personal, de modo tal de satisfacer las necesidades. No obstante, ello no ha podido resolver la situación de escasez de recursos humanos calificados que muestran hoy algunos sectores de la economía”, dice el estudio, difundido por el diario La Nación.

 

En otras palabras, la pérdida se traduce en un mercado laboral menos calificado. Para colmo, no es que con la salida del país de trabajadores de todo tipo los que quedan logran mejores condiciones de empleabilidad. Todo lo contrario. En muchos casos son vistos como el remanente.

 

En algunas ocasiones, es cierto, los emigrados vuelven. Nuevamente, aquí los motivos son variados. La falta de adaptación, el incumplimiento de ciertas expectativas, los afectos, nuevas crisis, suelen ser los que traen a los chicos de vuelta a casa.

 

Ésas son todas decisiones individuales, que no encuentran un incentivo externo que las traccione.

 

En ese sentido, si el Estado y las empresas pierden con las migraciones masivas, podrían ellas desarrollar mecanismos que inviten al retorno. En este sentido, existen iniciativas interesantes y exitosas por parte de compañías vinculadas con el sector tecnológico, y el Ministerio de Relaciones Exteriores trabaja en esa línea desde una de sus áreas.

 

Así y todo, a juzgar por la realidad argentina y por las cifras del informe, parece imperioso avanzar y reforzar este tipo de acciones. Caso contrario, estaremos cada vez más solos y, seguramente, más pobres.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP