Economía 27-08-2009

(Pobreza)

 

 

LOS QUE ESTÉN EN EL CAMINO

 

Ya no es potestad de la Reina del Plata encontrar buscadores de comida en la basura. En capitales de provincia y en ciudades del interior, familias enteras registran los desperdicios ajenos para llevarse un algo de comer a las entrañas.

 

La exclusión y la miseria ganan terreno en un país que asiste incrédulo a las renovadas fricciones entre el sector rural y el gobierno nacional.

 

La falta de ideas, el desconocimento de lo que la palabra negociación implica y el desapego a la solidaridad, explican a la perfección la escena que se repite cada noche frente a los bares y restaurantes céntricos, en el horario de retiro de la basura.

 

En el camino van quedando muchos que no logran encontrar la pieza deseada, o que la encuentran y padecen luego alguna de las tantas enfermedades de la pobreza que deberían estar erradicadas y enjauladas en los libros sobre la Edad Media.

 

Con angustia nos enteramos que se desploman las bolsas, que las grandes corporaciones crujen en sus cimientos, que los negocios de tal o cual magnate perdieron millonadas en su última aventura, que el precio internacional de los commodities cae y que tarde o temprano, por arte de magia y consecuencia semi-directa, aumentará el colegio de los chicos.

 

Con curiosidad vemos cómo ahora, luego de años de satanización mutua, el Fondo Monetario Internacional y el Gobierno Nacional vuelven a acercarse para ver de sacarse, el uno al otro y viceversa, una tajadita más.

 

Mientras se hacen reuniones de protocolo, invitando con el plato del chef, ellos siguen revolviendo la basura intentando dar con un resto de comida que simule un bocado entero, como para poner en práctica su dentadura aburguesada por la falta de uso.

 

En el medio, una chica es noticia porque desde su restaurante en Recoleta cocina en sus francos y sale a repartir comida a la gente en situación de calle. La acción es loable. La noticia vende y mucho, y vende a través del principal grupo multimedio de la Argentina, pero también de la cadena pública de radio y televisión. Madre Teresa, la comparan.

 

Todos ganan con la nota, pero los principales ganadores, privados y públicos, apenas si cuentan y ofician de intermediarios. No se meten directamente en la situación de calle de decenas, cientos, miles de argentinos que no comen, no duermen, no se bañan, ni se cambian, no se educan, ni se curan, porque no tienen dónde. Denuncian y acusan, pero no hacen nada.

 

Es ésa una muestra más de la hipocresía que nos rodea. Del rasgarse las vestiduras, sabiendo que la ropa ya es vieja y será la última vez que la usemos.

 

Del otro lado, desde abajo, somos muchos los que vemos que el tren sigue marchando. Que la historia avanza y nosotros nos quedamos afuera. Juntos tenemos que hacer algo. Tenemos que hacer, no sólo decir.

 

Los que estén en el camino, hermanos, argentinos, sean bienvenidos al tren.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP