Economía 10-09-2009

(Medicamentos – Truchos)

 

REMEDIOS TRUCHOS

 

Si bien el escándalo de los medicamentos truchos, que alcanza a funcionarios, hombres y mujeres de negocios, profesionales y pacientes engañados, tiene un claro ribete policial, su coincidencia temporal con la iniciativa del presidente de los Estados Unidos para ampliar el sistema de salud, obliga a pensar el problema también desde su lado económico.

 

Los medicamentos tienen un valor de mercado, generalmente elevado, so pretexto de la investigación que existe para desarrollarlos, los innumerables fracasos por cada éxito, los años de insumos invertidos, las pruebas realizadas, los permisos tramitados y un sinfín de etcéteras que terminan por inflar el precio.

 

En esa línea, también la medicina moderna ha sabido distinguir muy bien la figura del cliente, del paciente y del ser humano.

 

Los primeros son aquellos que, como lo pueden pagar, logran un trato preferencial al momento de hacerse estudios, consultar al profesional y hasta salvar su propia vida. Los segundos, en cambio, son los que deben hacer colas en la madrugada y a la intemperie, para sacar un turno para dentro de dos meses, rezando para que su cuadro no se complique y no se lo lleve antes de tiempo.

 

Por último, las personas, si bien existen en uno y otro caso, son aquellas que logran recibir una atención humana, de contención, de guía y de acompañamiento irrestricto por parte de los profesionales de la salud.

 

En el caso de los medicamentos, ocurre algo parecido. Los clientes van, los compran y listo. Los pacientes esperan una muestra gratis y, sino, salen a procurarse las medicinas a un precio que puedan afrontar.

 

En ese escenario, los tránsfugas hacen de las suyas y salen a ofrecer pociones mágicas, que curan tomando una gragea cada ocho horas, a precios sensiblemente menores que los de los medicamentos reales.

 

Para peor, el Código Penal no castiga expresamente semejante atrocidad (que suele terminar con la vida de un importante número de personas), con lo cual los responsables suelen quedar libres y vuelven a las andadas al poco tiempo.

 

Por estos días, en los Estados Unidos Obama busca ampliar el plan de asistencia sanitaria, para que alcance a 15 millones de personas que hoy están a la buena de Dios.

 

Las empresas de medicina prepaga y las aseguradoras patalean y gritan en franca oposición a la propuesta, al punto que han logrado poner a los republicanos y a muchos ex simpatizantes del demócrata, en contra de la política del presidente afroamericano.

 

Mintiendo, inflando, confundiendo y escondiendo, es como la industria allá, la mafia acá, logra ganar adeptos en una economía de mercado castigada.

 

Porque, a no dudarlo, si las vacas fuesen más gordas en uno y otro país, habría escándalo, habría malhechores, pero no tendrían por qué ser tantos.

 

Detrás de la mafia de los medicamentos hay hijos de mala madre, pero hay también una realidad económica que empuja a una demanda creciente a buscar alternativas a un sistema médico que los expulsa. Y, cuando eso sucede, el mercado se comporta a sus anchas y aparecen las ofertas –destructivas, en este caso–, dispuestas a satisfacerla.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP