Economía 24-09-2009 - 551
Palabras
(Protestas – Tránsito)
CORTAME QUE ME GUSTA
La ruta, el puente, la calle, la autopista, el camino. La protesta social
argentina lleva ya una década del cortame que me gusta.
Hoy son los trabajadores de Kraft y los dirigentes de la Federación
Universitaria de Buenos Aires que los respaldan (con una lógica seguramente
implacable, pero ajena a cualquier racionalidad occidental). También son los
vecinos de Gualeguaychú. El Movimiento Teresa Rodríguez, Teresa Vive, la CCC,
el MIDJ, los trabajadores del puerto, los del subte, los del sindicato de Hugo
y un sinfín de afines.
La modalidad de la protesta atropellando los derechos de terceros es, claramente, un fenómeno argentino. En cualquier otro lugar del planeta, más o menos civilizado, poco importa, el que tiene algo que reclamar o lo hace ante las instituciones que correspondan (algo de escasos resultados en nuestro medio) o se las agarra con el responsable de su malestar.
Lo que definitivamente no se hace es perturbar el orden social o violentar
a otras personas, probablemente en circunstancias parecidas a las que padece el
grupo afectado.
En otras palabras, la conciencia de clase no se logra molestando al
trabajador que pierde el presentismo, al estudiante que va camino a la escuela
o al paseante que quiere estar tranquilo.
Cuando uno se enoja, incluso cuando se pelea o se trompea, no anda
repartiendo sablazos a troche y moche. Se las agarra con quien corresponde y
listo.
Desde el punto de vista económico, el proceder descrito es claro que genera
pérdidas monetarias fácilmente cuantificables (como en el caso de Kraft) y
otras difíciles de medir (como la baja en el rendimiento de un trabajador que
llegó a su lugar de tareas luego de dos horas de viaje en colectivo por el caos
de tránsito que generó una protesta social de la que es ajeno en lo inmediato).
Para el primero de los casos, una de las variantes es que la empresa
afectada decida, como última (o primera) opción, cerrar las puertas e irse en
busca de contextos más estables y previsibles. Al fin de cuentas, difícil debe
ser explicar por qué durante equis tiempo, la producción de una planta estuvo
parada y la facturación fue cero.
Para el segundo caso, la consecuencia puede terminar siendo el liso y llano
despido del trabajador que demora su llegada por razones ajenas a su voluntad. ¡Linda
forma de reclamar y sumar amigos!
Entiéndase bien: no es ésta una discusión de derechos laborales versus patronales,
sino muy por el contrario, la afectación de derechos de terceros por parte de
quienes no ven o no quieren ver otra salida para reclamar lo que consideran les
corresponde.
Esto, claro es, acontece por una pérdida casi absoluta de confianza en las
instituciones y tiene una repercusión en las cuentas particulares, familiares,
empresarias, sectoriales y nacionales, de escala temeraria.
Los trabajadores de la alimentaria norteamericana, por caso, cortan la ruta
Panamericana en reclamo de la reincorporación de más de 150 compañeros
despedidos. Del otro lado, hace más de un mes que las rodhesias y las titas dejaron
de producirse.
Los carriles se bifurcan y el caos asoma a la vuelta de la esquina, si
pensamos qué pasaría si cada quien que tuviera un problema intentara
solucionarlo irrumpiendo a la fuerza en la realidad de todos los demás.
Alcides Cepeda
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Agencia MP