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MEDIOS PARA LA VERGÜENZA
¿De qué sirve salir primero, dando
información que dos segundos después tendrán todos? ¿De qué sirve si, encima, se
equivocan los datos? ¿De qué si se viola la ley, si se confunde a la
ciudadanía?
A esa pregunta deberán dar respuesta los
canales de televisión, cuyos noticieros, de aire y de cable, desplegaron en la
tarde del domingo electoral la más avasallante violación a las prohibición de
la Corte Suprema de Justicia, que en 2005 se había pronunciado sobre la
imposibilidad de difundir datos de boca de urna ni resultados hasta tres horas
después de cerradas las mesas.
Apenas asomaban las 18 horas cuando los
canales ponían primera a Cristina (con acierto), segundo a Roberto y tercera,
un tanto lejos, a Elisa (resultados invertidos respecto a la realidad). Lo hacían
mientras la gente seguía votando, por las demoras en las mesas, que mal pueden
atribuirse a fraude -como hicieron algunos políticos y medios-, sino que
respondió claramente a la complejidad de una elección que incluyó entre dos y
cuatro posibles cortes de boleta según el distrito.
Notablemente, maravillosamente, sólo Canal
7, el canal público, muchas veces mimetizado con “oficial” o “gubernamental”,
fue el único que escapó a la trampa del rating minuto
a minuto y evitó hablar de porcentajes hasta que se iniciaron los recuentos
oficiales.
Sin importar la decisión ciudadana, sólo Carrió esperó a que se escrutara una buena proporción de
mesas -y, por ende, de votos-, para hacer declaraciones de victoria, derrota y
afines.
El resto, con un 12% de mesas relevadas ya
cerró la puerta y salió a discursear. ¿Para qué votaron en el 88% restante de
las urnas? Eso deberán responderse los distintos candidatos que hablaron antes
de lo que el buen tino democrático hubiera querido.
En su discurso, impecable, llamando a la
concertación, abriendo puertas, buscando consensos, olvidando pasados, Cristina
quiso demostrar que su gobierno no será de igual línea que el de, a partir de
diciembre, primer hombre/marido/¿damo?
Su alegría, sus únicas sonrisas durante su
alocución, las dedicó para el momento en que se refirió al género, a las
mujeres, a las luchadoras de lo privado (familia) y de lo público (la política).
En relación a la campaña, un dato no es
menor, al menos para los próximos comicios. Jugando al marketing político, los
medios hicieron consultas a especialistas en publicidad para diferenciar al
producto candidato del producto para consumo masivo.
Vale hacer una enorme salvedad, más allá
de técnicas de posicionamiento o ventas que se puedan llegar a utilizar: a la
gaseosa, al detergente, a la mayonesa o a las galletitas, se las compra, se las
prueba y, si no gustan, al día siguiente o a las dos semanas se las cambia por
otras. Al presidente, al funcionario electo, no se lo puede mudar tan de golpe.
Por otra parte, el consumo que se hace de
productos comerciales es de alcance poblacional reducido, con competencia
diaria. El del político abarca a toda la población y se hace cada dos años.
Los medios salieron a competir en
elecciones como lo hacen cuando ponen a bailar a las chicas o a encerrar gente
en la casa. No es lo mismo. No tiene que ser motivo de diversión. Si puede
hacerse seriamente… ¿por qué empeñarse en hacerlo así?
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP