Sociedad de la información
1148 Palabras
EL ABISMO DE LA BRECHA DIGITAL
·
Las
diferencias que existen en la realidad se trasladan al mundo virtual.
·
Integración
y exclusión a través de las nuevas tecnologías
En toda revolución están los que ganan y los que pierden. En todos
los mundos, desde que el mundo es mundo, hay quienes tienen ventajas sobre el
resto. La tecnología e Internet no podían quedar al margen y buena parte de la
humanidad (la gran parte), se está quedando afuera.
La brecha digital es la “separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países…) que utilizan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) como una parte rutinaria de su vida, y aquellas que no tienen acceso a ellas o que, aunque las tengan, no saben como utilizarlas”, define Fernando Leibowich Beker, director Ejecutivo de la asociación civil ITB, organización no gubernamental de jóvenes dedicados a combatir ese distanciamiento.
No se relaciona sólo con aspectos de carácter tecnológico, “es un reflejo de una combinación de factores socioeconómicos y, en particular, de limitaciones y falta de infraestructura de telecomunicaciones e informática” que, en la Argentina “es un problema cada vez más acuciante”, agrega.
En efecto, en nuestro país son pocos los conectados. Según la
Internet Society Argentina, apenas un 2.1% de la población tiene un uso
continuo de la red de redes. La consultora Ipsos afirma que alrededor de un 30%
ha tenido algún contacto con la web, principalmente con accesos a través de
locutorios o cibercafés. En el medio, otros estudios dicen que la cantidad de
usuarios oscila entre los 3.5 y los 5 millones de argentinos, con fuertes
densidades de internautas en los centros urbanos.
“Ese pequeño universo corresponde a los sectores de mayores
ingresos”, afirman en Isoc.Ar, capítulo argentino de la Internet Society
(ISOC), ONG cuyo centro de interés está en las cuestiones relacionadas con los
estándares, la educación y la política de Internet, con presencia en más de 170
países.
Hoy por hoy, denuncian, “los sectores de menores recursos no
tienen acceso a estas tecnologías en el ámbito educativo”.
Levantando el guante, entre el 2004 y el 2006 el Gobierno Nacional
anunció que distribuirá, a través de un acuerdo con la Oficina de Servicios de
Proyectos de las Naciones Unidas (Unops) y la colaboración de algunas empresas,
un total de 55.000 computadoras en más de 6.500 establecimientos educativos, en
el marco de la Campaña Nacional de Alfabetización Digital.
La idea, dicen, es “proveer de conectividad a centros educativos y
capacitar a los docentes en el uso de las nuevas tecnologías”.
Si bien las críticas arrecian frente a estas
iniciativas, por contraponer lo importante con lo urgente, la sociedad de la
información con la sociedad del hambre y la indigencia, distintos sectores
aportan sus defensas.
“Tenemos
desafíos del SXXI y deudas del SXIX”, reconoció el ministro de Educación,
Ciencia y Tecnología, Daniel Filmus. El error, dijo el investigador del
Conicet, es “pensar que se puede salir de la era de Güttemberg, con soluciones
de la era de Güttemberg”.
En Intel, coloso de la tecnología, se pliegan a esta idea. La firma destina un presupuesto de U$S 700.000 millones (leyó bien) a capacitación filantrópica en todo el mundo. En la Argentina, por ejemplo, 31.000 docentes de 15 provincias fueron entrenados para adquirir herramientas que les enseñen a enseñar en un mundo cambiado.
“Que un buscador masivo devuelva 50.000 enlaces
ante la búsqueda de un tema determinado no significa que todos puedan ser
considerados válidos. Los chicos no sólo deben aprender a agilizar las
búsquedas, tienen que ser críticos, saber distinguir lo verdadero de lo falso y
reconocer fuentes confiables”, ejemplifica al respecto Patricia Pomiés,
coordinadora de Contenidos Dinámicos del portal Educ.ar.
“Internet no tiene que ver con tecnología. Internet tiene que ver,
básicamente, con la distribución democrática de la información y con el acceso
a la cultura y al saber”, promueven en Isoc.Ar.
Con este espíritu funciona el Instituto Tecnológico de Balcarce,
con sede en la ciudad bonaerense y en expansión hacia otras regiones del país. Leibowich
Beker, su director Ejecutivo (www.lid.com.ar/itb),
reconoce que “un gran problema a la hora de combatir la brecha digital es la
multiplicidad de escenarios en donde hay que trabajar”. Aparecen en su
enumeración desde “las tradicionalmente excluidas zonas rurales”, hasta “las
personas mayores que no quieren o no se animan” a las NTIC.
Buenos programas, sin embargo, permiten ver horizontes más promisorios.
El ITB ganó en la categoría Educación de la Feria Nacional de Proyectos Juveniles Solidarios 2004, organizada por la Dirección Nacional de la Juventud, con su proyecto “Polos Educativos”, que busca disminuir los niveles de deserción escolar y promover la reinserción educativa y laboral de aquellos con menores oportunidades, a través de “Polos Educativos” (bibliotecas abiertas + escuela de computación y ciudadanía) en zonas rurales y urbanas muy vulnerables.
Desde las universidades también se trabaja para reducir la brecha.
Uno de los casos es el del Grupo interUniversitario de estudio de Tecnologías .NET (www.gunet.com.ar) en donde se brinda asesoramiento a proyectos, se buscan y “rehabilitan computadoras”.
Patricio Antunes, miembro del Gunet, dice que “la universidad debe jugar un rol preponderante como guía para la implementación de políticas que tiendan a cerrar el circulo vicioso de la Brecha Digital”.
Muchos de los especialistas en
telecomunicaciones del país señalan, según un estudio del grupo Telefónica, que
el factor clave para acortar distancias radica en el precio de las
computadoras. Luego vienen la calidad y cantidad de las redes de acceso a
Internet y otros menesteres técnicos.
Sin dudas, la infraestructura es la columna
vertebral de este fenómeno, pero los valores en metálico no son todo. Desde
1976 las computadoras personales han bajado su precio en un promedio del 27%
anual, con una fuerte aceleración en los años 90.
Eso, sin embargo, no
ha hermanado a los hombres del mundo tanto como sería deseable.
Desde el punto de vista de la posesión, el 8% de los argentinos tiene una computadora personal. En Indonesia, 1% es la gente agraciada. China tiene tres computadoras cada 100 habitantes, igual que Filipinas. Tailandia, cuatro. México, ocho. ¿Estados Unidos? Sesenta y cinco. ¿Japón? Cuarenta. ¿Suiza? Setenta.
La relación cantidad de PC – PBI per cápita –
nivel de desarrollo, es notoria.
Algunos expertos en el tema señalan que con la
implementación de NTIC, “las personas discapacitadas pueden lograr un mejor
grado de integración en la sociedad, venciendo barreras y mejorando su calidad
de vida”.
Los acercamientos, sin embargo, no van mucho más
allá. “Entre ricos y pobres, no va a reducir las diferencias”. Tampoco lo hará
respecto a las generacionales, de género y de estatus.
“Las
telecomunicaciones contribuyen a acercar a aquellos que están lejos y al
intercambio de ideas entre grupos afines. Tienen menos impacto en la gente que
está próxima y no necesita de estos medios para comunicarse”, dicen, o
simplemente no está dispuesta a hacerlo.
Ariel Neuman
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