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Bersuit, caminando por la cornisa

EL ROCK ES UN GIGANTE DEVORADOR QUE COLONIZÓ TODAS LAS MÚSICAS

 

Jamás podrán ocultar su origen. Por otra parte, es lo que menos les interesa. Basta con presenciar uno de sus conciertos para darse cuenta de que este grupo —originalmente conocido como Bersuit Vergarabat y ahora sólo como "la Bersuit"— no podría haber nacido en otro lugar que no fuera la Argentina.

Las letras rebosan de argot rioplatense y están llenas de referencias a la política del país; país de Gustavo Cordera (voz líder), Juan Subirá (teclados) y Carlos Martín (batería), miembros de la banda que hace delirar a cuatro generaciones de argentos.

 

- ¿Están en su mejor momento?

Gustavo Cordera.- A mí me resulta muy sospechoso el concepto de mejor momento, porque siempre me parece que el mejor momento es el que está sucediendo ahora. Es cierto que en ventas de discos y en convocatoria estamos como nunca antes, pero lo mejor que nos está pasando es el momento maravilloso en lo compositivo.

 

- Abundancia no falta: a sólo doce meses de un disco doble, volvieron a editar canciones nuevas.

GC.- El corazón de la banda son las canciones y hay un ejercicio que hacemos desde hace 18 años que nos ha dado una facultad para hacer canciones de manera instantánea. En estos momentos estamos desarrollando el mundo de la improvisación como método y hasta como forma de vida. Si ahora nos dieras una guitarra, en este instante, seguro que algo brotaría, porque está el canal abierto. Es una forma de sentir la música que se vincula con el hecho de jugar. El juego y el humor en Bersuit, la búsqueda de transgredir límites, de caminar por la cornisa.

 

-La provocación la asumen ya como una costumbre, desde las portadas de los discos hasta las letras de las canciones

Juan Subirá.- Somos provocativos y contagiosos. A mí me pone muy contento, porque nos ha hecho conectar con la gente de cualquier edad.

 

- Edades que no son las de quienes los van a ver a los conciertos.

Carlos Martín.- A mí me resulta increíble. Ahora lo veo a mi hijo de seis años, que va "copadísimo" con la canción de los huevos (se refiere a la última del disco nuevo, que termina con "Me cortaré los huevos/y llegará la paz"). Yo no se la hice escuchar, no sé de dónde la sacó, porque nosotros una vez que grabamos un disco ya no lo ponemos en casa, oímos otra música.

GC.- Es que vemos que se unen distintas generaciones: los de diez, junto con los de veinte y los de cuarenta. Por eso, es muy lindo cómo la gente conecta con nuestro juego y ve que todavía tenemos vivo nuestro simio interior. Y eso es increíble que permanezca, aun después de estos últimos años en que la banda ha tenido una notoriedad increíble, quizás demasiada.

 

- Además de haber ayudado a la vuelta de Andrés Calamaro, el año pasado se les vio con uno de los iconos más fuertes de Argentina.

GC.- Es que Diego (Maradona) se apareció en un show, con su hija Gianina, que es fan nuestra. Y nos dijo: "¿Tengo que venir en persona a pedirles que vengan?". La verdad es que no teníamos nada de ganas de ir a la tele, pero si Diego te pide algo... ¿cómo nos podíamos resistir? Por eso fuimos, aunque mi final fue brillante (se ríen a carcajadas todos). Subí muy borracho, el champagne del backstage hizo que lo mío fuera muy malo. Pero sólo lo vieron los dos millones de espectadores que en ese momento estaban viendo la tele. Fue uno de los espectáculos más deplorables del año, sin duda.

 

- Esas cosas le pueden pasar a cualquiera...

CM.- Claro, no ha sido la primera vez que sucede ni será la última. Es divertido que en el lugar que ocupamos todavía puedan ocurrir estas cosas. Pero también, mientras transcurría el programa y nosotros esperábamos para actuar, surgió una canción, ¿te acordás?

GC.- Sí (se ponen a cantar los tres). "Si yo soy un pelotudo, la vida me va a premiar. Si vos sos otro pelotudo, la vida te va a premiar. Y nosotros somos todos unos pelotudos, la vida nos va a premiar, nos va a premiar, nos va a premiar. La vida nos va a premiar, tal vez con un pete fortuito".

 

- Freud, con lo del "pete" y toda la imaginería sexual que despliegan tendría mucho por analizar, ¿no?

GC.- Es que somos humanos y nuestras miserias son inocultables. Por suerte, con humor y mucha ironía logramos sacarlas fuera y jugamos con nuestros propios miedos y fantasmas. Hay mucho en relación con lo sexual, pero también con las amistades, la enfermedad y la locura. Hay también asuntos filosóficos o sobre la muerte, como en "No seas Parca". Las drogas y sus viajes también aparecen, esos estados alterados en que se pierde la cabeza.

 

-A pesar de que ustedes frecuentan tanto el bolero, como la cumbia o el ska, se les sigue señalando como una banda de rock, ¿a qué creen que se debe eso?

GC.- Es por el sonido y, más que nada, por la actitud, la forma de decir las cosas. Todo lo que hacemos, aunque sea una milonga, tiene que ver con el rock, que a esta altura ya es un gigante deforme que no se sabe bien qué es. Es un gigante devorador, que colonizó todas las músicas. Es una energía, una rebeldía. Algo adolescente, de pararse en la acera de enfrente de las cosas, no se ha limitado a ser sólo un estilo musical. En Argentina se recreó fusionado con el tango, con nuestra zamba o con ritmos tropicales.

Pensémoslo al revés: imaginemos si se hablara, por ejemplo, del "nuevo tango inglés", en caso de que existiera.

Eso ha pasado en Argentina desde hace cuarenta años, se tomó el rock y se le dio una forma nuestra.

 

Bernardo Sagastume

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