Festival de cine en Cans
647 Palabras
Si
uno se rige por una estricta pronunciación francesa, el nombre de Cannes, la
ciudad de la Costa Azul de Francia, no suena igual que el de Cans, en el sur de
Galicia, España. Cannes es conocida en todo el mundo por el festival de cine
que allí se celebra desde 1946; la aldea de Cans es conocida, sobre todo, entre
sus 459 habitantes. Pero si el esfuerzo de Alfonso Pato y César Lourido
prospera, pronto también será famosa por su festival de cine.
Con el objetivo principal de “acercar el
mundo del cortometraje a un entorno rural, conviviendo con seres vivos ajenos
al cine, como el ruidoso ganado porcino o el disciplinado ganado bovino” estos
dos gallegos organizaron en mayo, durante los mismos días que su homónimo
francés, el primer Festival de Cans.
Mientras en la glamorosa Cannes los artistas se pasean en limusinas, Pato ha conseguido que los vecinos del lugar pusieran a disposición del público sus “chimpines” (pequeños tractores) para colaborar en el transporte público entre sala y sala, además de lograr que les cedieran dos galpones, un bajo-bodega y una vieja casa abandonada para convertirlos en espléndidas salas de proyección. La única condición que impusieron sus dueños fue que no rompieran nada.
De los cuatro espacios, tres se dedicaron a
los cortos de ficción y uno a los de animación. Aquí aparece el único rasgo
restrictivo de esta cita, porque dado el aforo limitado de las salas (50
butacas), se pusieron a la venta sólo 200 entradas. Pero la organización se vio
desbordada por la afluencia de público que llegó sobre la hora, unas 500
personas que duplicaron durante los días del festival la población de Cans.
En las películas que concursaron se pudo ver
a Celso Bugallo, conocido por su actuación en “Los lunes al sol”, y a Vlado
Gudelj, ex futbolista del Celta de Vigo que hizo su debut en la pantalla con la
concursante “Las lágrimas de la reina”.
Varias de las cintas eran de origen gallego y
trataron de diferente manera la tragedia que significó para esta comunidad
autónoma el naufragio del barco petrolero Prestige, en 2001. Como “Toxic
Percebe”, una inclasificable historia con secuencias de acción a la Tarantino,
entre narcos, voluntarios de aquel desastre y “percebeiros”, los valientes que
se juegan la vida en las costas gallegas al sumergirse en busca de esos
exquisitos mariscos, los percebes.
También hubo participantes extranjeros, como
Ben Temple, un neoyorquino que se llevó el primer premio del jurado y del
público por su corto “La petición de mano”, basado en un cuento de Anton
Chejov. El premio de honor, el Pedigree 04, fue otorgado a Luis Tosar, el actor
gallego más conocido en estos tiempos, que fue algo así como el padrino de toda
esta movida.
La cena final que dio cierre, como no podía
ser de otra manera, fue con empanada gallega para todos. La población local, al
principio algo reticente, se integró más tarde al desarrollo del programa
cuando vio que la cosa iba en serio y que algunas de las figuras que conocían
de la televisión estaban allí, entre ellos, disfrutando de la fiesta. Una
fiesta que siguió en los bares de la población más cercana, O Porriño, cada uno
ambientado según una película distinta. La decoración del lugar, el vestuario
de los mozos y la música siguieron el estilo de “Grease”, “El Padrino” o
“Piratas del Caribe”.
El festival ha nacido de la broma por la
semejanza en los nombres de Cans y Cannes, pero apuesta muy en serio por ser
una propuesta original que se haga un lugar en el mundo del cortometraje.
Sus organizadores, que se vieron sorprendidos
por el éxito de público y la repercusión alcanzada, ven que, aunque no se lo
proponían en un principio, esto promete convertirse en una cita de culto.
Bernardo Sagastume
Agencia MP
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