España - Boda Real

729 Palabras

 

LOS DESINVITADOS

 

La fecha de la gran boda se acerca y no se habla de otra cosa en España: ¿quiénes han quedado fuera de la lista de invitados? Es un necesario desvío hacia la frivolidad que la sociedad parece haberse permitido, después del dolor unánime por los atentados del 11 de marzo en Madrid.

 

Felipe de Borbón y Letizia Ortiz (o quienes hicieron la lista) no se han acordado de buena parte de la nobleza española a la hora de elegir a los muchos pero no tantos que estarán presentes el próximo 22 de mayo en la Catedral de la Almudena, para ver en persona el sí de la periodista y el príncipe.

 

No cesan de aparecer en televisión para expresar su indignación por no haber sido invitados los personajes de una aristocracia española en retirada, que ve cómo cada vez le cuesta más mantener alguna preponderancia social. Es que la casa real ya no es aquella que, en tiempos de Carlos V, decidió distinguir a un grupo de la nobleza —los Alba, los Lemos, los Osuna— y elevarlos a la condición de primos del Rey, con lo que se ganaron el nombre de “Grandes de España”.

 

Por entonces, muchos de ellos —y así han pasado a la historia— ejercían el mecenazgo de artistas y escritores: el conde de Lemos tuvo como protegido a Cervantes (“Viva el gran conde de Lemos, cuya cristiandad y liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie”, se lee en el prólogo del Quijote); Cayetana, duquesa de Alba, fue motivo de muchos de los retratos de Goya, una justa retribución por parte de su patrocinado.

 

Por estos días, salvo contadas excepciones, se tiene noticia de los nobles por razones bastante menos edificantes. El conde Lequio, de sangre española pero criado en Italia, es un habitual animador del programa de televisión Crónicas Marcianas, con las gritadísimas peleas que cada noche protagoniza con una tal Aída, que logró su fama en una de las ediciones de Gran Hermano y cuya mayor gracia consiste en no llevar ropa interior y hacerlo notar cuanta vez puede.

 

Si por la estatura de sus rivales se mide la valía de las personas, a Lequio se lo ve ciertamente lejos de aquellos primeros Grandes de España, que recibieron el reconocimiento del monarca para poder hacer frente a la nobleza flamenca, que hasta entonces los miraba por encima del hombro.

 

Más discretos, varios portadores de títulos han vuelto ya casi una tradición la venta de exclusivas a las revistas del corazón, especialmente a la muy confiable ¡Hola!, toda una garantía en retratarlos en los más elegantes rincones de sus casas y de transmitir en sus escogidas fotos la idea de tradición opulenta que buscan los lectores. Los dinerillos que reciben por esto van, en parte, al Estado, ya que deben pagar fuertes impuestos por conservar sus apellidos y sus títulos nobiliarios.

 

A esta presión del fisco se suma ahora el rencor que sienten muchos miembros de la nobleza por no haber sido invitados a la gran boda de Felipe y Letizia. La casa real se ha esforzado desde la muerte de Franco, por mostrar una cara más acorde con los tiempos que corren y por darle sentido a su razón de ser.

 

Juan Carlos tiene la particular imagen de rey democrático y hasta campechano, como lo demostró en el momento de mayor tensión entre Cataluña y el gobierno nacional, tras el triunfo a fines del año último de la alianza entre socialistas y nacionalistas catalanes. Recurrió, simplemente, a un lugar común, pero no por eso poco efectivo: dijo “hablando se entiende la gente” y apaciguó los ánimos.

 

Su heredero no sólo está a punto de casarse con una mujer plebeya, divorciada y de precaria fe católica, sino que propone reformar la parte de la Constitución que impide que una mujer se haga con el trono de España, aun teniendo prioridad en la línea sucesoria.

 

El hecho de no invitar a “los primos” a la fiesta de casamiento es sólo una muestra del propósito de los Borbones de quitar protagonismo a las casas nobles españolas, que no es sino una manera de democratizar más a una sociedad que, alcanzado cierto bienestar económico en los últimos años, reclama también igualdad y la ejerce riéndose de la decadencia de sus condes y duques.

 

Bernardo Sagastume

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