Inseguridad y Negocios

887 Palabras

 

LUCRAR CON EL MIEDO

·        Subidos a la ola delictiva aparecieron emprendimientos de todo tipo, desde empresas de seguridad hasta cursos universitarios para contrarrestar la violencia urbana.

 

“Encontramos el arma asesina”, dijo el fiscal y reprodujo, a su vez, de punta a punta, el diario de la tarde. Lo publicaron hoy, hace un año y dentro de un mes. No importa. Es un título recurrente que no puede sorprender: las armas no se fabrican para decorar tortas o cantar un arrorró.

 

Cerca de dos millones están inscriptas en el Registro Nacional de Armas (Renar) y el organismo desconfía de que otras dos millones circulen en el mercado negro, valuando ese quantum en “apenas” 100.000 ó 150.000.

 

Las ventas legales muestran que, tras dos años de caídas, durante el 2003 se registraron 35.000 nuevos compradores, de forma tal que los 600.000 tenedores de los que habla el Renar representan un 17% más que en 2000.

 

Por su parte, el total de armas compradas durante el pasado año se incrementó en un 20% respecto a los dos anteriores, siempre dentro del mercado legal, concentrado en un 50% dentro de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

 

Es que “allá lejos”, en el campo y en el monte, las armas no se registran, pues por distancias, tiempos y modo de vida forman parte de la cotidianeidad.

 

A pesar de las excusas, sólo en la provincia de Buenos Aires se denunciaron 3.887 robos de ganado (abigeato) en 2003, por un total estimado de $12 millones, distribuidos en 24.000 animales, según un estudio del ex secretario de Logística del Ministerio de Seguridad Diego Goral.

 

Roberto Vega, secretario de la Sociedad Rural Argentina, no maneja cifras pero asegura que las del estado se quedan cortas. Además, omiten que se suele vaciar el casco de la estancia o el rancho donde están las armas sin registrar.

 

LOS NEGOCIOS

 

El negocio de las armas (en el mercado negro se consiguen a partir de los $100) no es el único asociado a la inseguridad y el delito.

 

El que compra un arma para “proteger su hogar” asistirá a un polígono de tiro. Anteojos, auriculares, moldes sobre los cuales disparar se combinan para generar un negocio promisorio.

 

En el caso del abigeato aparece también una fuerte cadena logística, con camiones especiales, campos alejados que ofician de depósitos, mataderos, frigoríficos.

 

Por los robos de autos vive una importante cantidad de chapistas y, principalmente, quienes fabrican, venden y colocan los parabrisas y vidrios destrozados. Pero estas vicisitudes no suelen ocurrir si se utilizan automóviles blindados.

 

Desde mediados de 2002, con el boom de los secuestros, desembarcaron en el país empresas con filiales en ciudades serenas como Bogotá, San Pablo, Tel Aviv o Bagdad, que desarman los autos para revestirlos de una coraza digna de envidia para Clark Kent.

 

El gerente general de una importante empresa de alquiler de autos con sucursales en todo el país confió que el 2003 fue una mina de oro en materia de rentas de vehículos “antibalas”.

 

Resulta difícil negar que, a partir de la inseguridad, se generan una infinidad de nuevos negocios para un mercado cautivo, cuyo pánico se alimenta desde los medios de comunicación, que a su vez reciben publicidades de bancos que aseguran su casa, puertas blindadas, empresas y cajas de seguridad.

 

Hasta hace unos años el diario de mayor tirada en el país no publicaba delitos comunes en tapa. De un tiempo a esta parte, promedia los 20 ilícitos mensuales en su portada, cuadruplicando el número de noticias policiales que aparecen en los diarios de Los Angeles, ciudad con índices delictivos superiores a los de toda la Argentina.

 

También reciben anuncios de maestrías, licenciaturas y tecnicaturas, un pack de herramientas destinadas a formar profesionales para combatir la inseguridad. A la cabeza aparece el Instituto Universitario de la Policía Federal, con su Facultad de Ciencias de la Seguridad. Pero la Universidad Nacional de Morón, la de Lanús, y la de El Salvador también cuentan con programas de este tipo.

 

En el primero de los casos, por ejemplo, la cuota mensual ronda los $100 y las materias son de neto corte teórico: derecho penal y funcionamiento de las instituciones policiales, entre otras. Nada de tiros.

 

Por otras vías, centenares de empresas de seguridad se multiplican ofreciendo servicios de alarma, custodia permanente, transporte de caudales, cuidado de lugares públicos y vigilancia 24 horas.

 

Las estadísticas, sin embargo, siguen mostrando a los conglomerados custodiados a la cabeza de los centros delictuales.

 

En junio se denunciaron en todo Buenos Aires 18 casos de secuestros. Cinco fueron en San Isidro, lugar donde “conviven” la opulencia, la miseria y 170 agencias privadas de seguridad que cubren 2.880 puntos estratégicos.

 

De vuelta en el principio, delitos contra las personas y la propiedad impulsan la venta de armas a civiles.

 

Liliana, una vecina de Lomas de Zamora, reconoció tener un arma en la casa “porque nos robaron dos veces”. Por ahora “nunca la tuvimos que usar, pero yo me siento más segura”, dice.

 

Lo que Liliana no sabe es que una de las mayores causas de muerte accidental en el hogar se da manipulando armas de fuego. Poco importa si son para delinquir o para proteger; en ambos casos siempre están cargadas por el diablo, aunque la plata se la lleve otro.

 

Ariel Neuman

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