Política 25-01-2008 - 550 Palabras

(Dirigentes)

 

CUESTIÓN DE IMAGEN

 

Ahí está la foto: el político y el sindicalista, sentados frente a frente alrededor de una mesa. Allí hay otra: el empresario y el político dándose la mano. Una más: el representante del sindicato y el titular de la cámara empresaria, fundidos en un abrazo. Todos dirigentes, la pregunta es quién es quién.

 

De un tiempo a esta parte, los planos que comandan a la comunidad secular han ido unificando sus imágenes, formas de hablar, vivir, vestir.

 

Anteojos importados, trajes de primeras marcas, perfumes con aroma francés, departamentos lujosos, autos último modelo, vacaciones en mansiones frente al mar, parecen ser un común denominador de las cabezas de estos grandes grupos.

 

Hasta fines de los 80, el político tenía cara de político, el empresario de empresario y el gremialista de gremialista y todos se comportaban como tales, dentro de los roles que habían elegido, ganado o que se les habían asignado.

 

Recién con el neoliberalismo de los 90 y el modelo desafachatado que imperó en nuestro país durante el menemato, las cosas comenzaron a mezclarse.

 

Desde aquello de “el presidente mejor vestido del mundo” al piso sobre la avenida Callao a nombre de un conocido y poderosísimo dirigente laboral, la sucesión de semejanzas en el parecer ha ido en crecimiento.

 

La pregunta que muchas veces surge es si sólo es parecer o también se igualaron estos referentes en lo que refiere al propio ser.

 

Invariablemente, el candidato frecuenta lugares y se preocupa por la gente mientras dura la campaña. Gane o pierda, difícilmente volverá sobre sus pasos para continuar regando la esperanza arada.

 

Invariablemente, el empresario y el ejecutivo van compitiendo con sus pares, escalando posiciones, dejando a hermanos en el camino a los lugares más encumbrados.

 

Invariablemente, los grandes defensores de los trabajadores mejoran sus condiciones de vida, negocian a puertas cerradas con cualquiera de los otros dos grupos, y encuentran soluciones que no siempre son consensuadas con sus representados y que, muchas veces, incluso los perjudican.

 

¿Acaso los dirigentes, de tanto parecerse de un grupo a otro, rompen el vínculo que los ata a quienes les han encomendado la representación de sus intereses?

 

Más allá de la formación académica y de la cuna de la que provengan: ¿Algo distingue en este punto a un Macri de un Moyano o de un Coto? ¿Acaso tienen pasares y estilos de vida tan diferentes? ¿No se asemejan más entre ellos que entre ellos y cada uno de sus representados?

 

Este quiebre, esta lejanía entre los valores que se dicen representar y los intereses que en verdad se representan, anuncian casi siempre problemas de representatividad. Se trata, ni más ni menos, que de una caída en la confianza en quienes encabezan posiciones.

 

Es cierto. Mientras la bonanza económica dure, nada de esto tiene por qué salir a la luz. Al fin de cuentas, como decía Nicolás Maquiavelo, el hombre olvida más rápido la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

 

¿Pero qué pasa cuando la macroeconomía se detiene? ¿O cuando alguien baja las revoluciones y sin llegar al punto muerto, en primera, se para a pensar?

 

Ahí aparecen los conflictos. Conflictos que se siembran hoy y que, más que probablemente, se cosecharán mañana.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP