Política 08-02-2008 - 550 Palabras

(Lavagna)

 

CAMBIAR DE BANDO

 

El acercamiento entre el ex presidente Néstor Kirchner y el ex ministro y candidato presidencial Roberto Lavagna despertaron airados y justificados reproches por parte de todo el arco opositor, los medios y la ciudadanía.

 

Al hombre que cosechó 3.000.000 de votos en las últimas presidenciales lo acusaron de borocotizarse a la pesca de un espacio de poder que, supuestamente, vería desvanecerse de jugar a su propio juego.

 

Para hablar, habría que analizar el comportamiento de ambas partes. Al fin de cuentas, siempre que alguien suma, es porque alguien se está dejando sumar.

 

Vienen a la memoria, entonces, los primeros pasos o signos del gobierno kirchnerista, allá por 2003, y ese estilo confrontativo que lo llevó a discutir y pelear con casi todo el planeta. En paralelo, vuelve a la memoria la idea de transversalidad, de concertación plural que barajó el ex mandatario en un comienzo y al final de su gestión.

 

¿Qué pasó entre el primer Kirchner, el segundo y el actual? ¿Cambió en algo su discurso o su estrategia? ¿Se vendió como guerrero y, en realidad, sólo quería ser un hermano mayor protector?

 

Antes de dar respuesta, convengamos en que el santacruceño más conocido de Puerto Madero supo crear de la nada un aparato poderoso, cooptando, fundamentalmente, a todos aquellos que, por equis circunstancias, resultaban menos poderosos que él.

 

Esto es: Kirchner peleó con los grandes (la Iglesia, Estados Unidos, las multinacionales, los restos militares) y cooptó a los pequeños para tener bases sólidas de poder.

 

En otras palabras más: el ex presidente optó por convertirse en una gran cabeza de ratón. Y, al parecer, lo está logrando.

 

Lavagna, por su parte, está mostrando eso mismo que lo llevó a alejarse en su momento del gobierno de su ahora, nuevamente, aliado, y lanzarse a la presidencia: el ex ministro es un político y un hábil negociador.

 

Al parecer, además, se maneja con la máxima que dice que mesa de la que no se participa, es espacio que se pierde.

 

¿Se pelean los peronistas, los justicialistas y los neoevitistas? ¿Se reproducen? ¿Nos engañan? A todo eso vale un sí y debería servir esta lección como antídoto para nuevos desengaños.

 

Es cierto, difícil era predecir que con la virulencia de los discursos desplegados durante la campaña, estos dos se volverían a tomar una foto juntos. Difícil, pero no imposible. Al fin de cuentas, no se trata de generales en el campo de batalla, ni de grandes ideólogos, ni de intelectuales o vecinos de barrios, de hinchas fanáticos o nacionalistas furibundos.

 

Kirchner y Lavagna son dos políticos con algunas visiones enfrentadas y otras ideas comunes. Pero más importante que eso, son dos políticos.

 

Como tales, buscan llegar al poder, conservarlo y acrecentarlo. Para eso aplican métodos propios de la política, haciendo a un lado la imagen, las palabras o los hechos que los precedieron.

 

Todo vale en esa carrera, como si se tratara de los dibujos animados de Meteoro. Las reglas que funcionan en otros contextos, allí no sirven de nada.

 

Tengámoslo en cuenta para las próximas elecciones. Que lo tenga en cuenta la presidenta, pues ahora podrá sumar el porcentaje lavagnista de votos a su ya holgado 45%.

 

Ariel Neuman

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