Política
29-02-2008 - 589 Palabras
(Fábula)
FÁBULA DE UN PAÍS QUE NO EXISTE
La historia de un país se nutre de mitos,
leyendas, fábulas, invenciones y realidades que le van dando forma y permite
entender el estado actual de su comunidad. Hay una historieta que, a pesar de
ser riquísima en enseñanzas, pocas veces se cuenta y dice así:
Había un hombre que se metió a
sindicalista y engordó y engordó, y sin trabajar en el gremio de su actividad
mejoraba su forma de vestir, cambiaba su auto, coleccionaba otros tantos, veía
crecer sus cuentas bancarias y su presencia en el registro de la propiedad
inmueble.
Cuenta otro mito que un militante leal,
amigo de un gran político, fue designado jefe de asesores, de allí pasó a una
lista sábana, entró en el parlamento local y de allí saltó al municipio. En
paralelo fue alejándose de las pegatinas y pintadas, no por conciencia
medioambiental sino porque otros lo hacían para él, empastando las paredes con
su cara. Además, claro, se mudó un par de veces, escalando posiciones,
cambiando del barrio bajo al medio y de allí al privado.
Hay una tercera historia que habla de un
famoso periodista que decía lo justo y necesario para mantener su cargo y el
sobre que recibía periódicamente, muestra del aprecio que le tenían aquellos
para quienes verdaderamente operaba. Ese hombre fue creciendo y dejó la redacción
para convertirse en magnate de medios que compra, opera, vacía, funde, vende y
vuelve a comprar.
Hay un chiste que dice que el trabajo
dignifica. Habla de una mujer que deja a sus chicos solos en la casa, cuidándose
los unos a los otros para ir a limpiar casas ajenas o cuidar chicos ajenos, no
recuerdo bien. Esa mujer trabaja de lunes a sábado para no llegar nunca a fin
de mes. Su trabajo, además, es en continuado. Cuando llega a su casa tiene que empezar
otra vez.
Otra fábula cuenta que un hombre, tal vez
la pareja de aquella mujer, se levanta todos los días a las cuatro de la
mañana, toma dos colectivos y después de dos horas ingresa en el depósito donde
carga y descarga mercaderías. Parte de su salario va al sindicato que depende
de aquél hombre, el de la leyenda, del que hablábamos un poco más arriba.
Una historia más hay que indica que los
maestros son de los que menos cobran en el país, que menos recursos tienen y
que menor cantidad de reconocimientos reciben. Otra dice que en la Justicia y,
en términos generales, en todo el Estado, el trabajo en negro es prácticamente
una regla de ingreso. Una más relata que las grandes empresas fustigan la falta
de reglas claras cuando la rentabilidad no es la que esperan, pero les importa
un comino la estabilidad normativa y la previsibilidad
si los márgenes son altísimos.
Un cuento más se trasmite de generación en
generación e indica que la violencia en las calles es cada vez mayor. Arranca
en los años 70, con los chicos de la calle, se refuerza en los 80 acompañada de
la inacción; en los 90 toma la forma de superbandas y ahora, por estos tiempos,
de droga, pasta base, paco y asesinatos. El futuro, dice, tiene pinta de bandas
de narcos o pandillas al estilo centroamericano. Por
suerte, nadie hace nada para impedirlo.
Más o menos así es el relato. Complejo,
oscuro, difícil. Pero no es un cuento cualquiera, es sólo la fábula de un país
que no existe o que a duras penas lograría subsistir.
Ariel Neuman
Agencia MP