Política 21-03-2008 - 564 Palabras

(Perspectiva)

 

VIVIR DE OTRA MANERA

 

Se podría vivir de otra manera; se podría vivir peor. Más apelmazados, más malhumorados, más agresivos, cansados, desesperanzados. Se podría y, de hecho, así se vive. Podríamos también decidir hacerlo de una forma mucho más placentera. De nosotros depende.

 

Que sólo en el primer día de Semana Santa hayan sido 17 los muertos en accidentes en ruta; que asesinen en su lugar de trabajo a una cajera; que se rece para que el frío invierno sea lo menos frío posible; que las escuelas no tengan ventanas, tiene responsables y, fundamentalmente, tiene soluciones.

 

De poco sirve decir que es el campo, el Gobierno, los gobiernos, las empresas, los privados, los Estados extranjeros, los capitales golondrina o los marcianos al ataque los que deberían solucionar esto. De menos sirve, incluso, creer que alguno de ellos es exclusivo responsable cuando la realidad dice que somos parte de una sociedad enferma, con grupos e individuos que equivocadamente se creen inmunes y sanos.

 

En cualquier lugar del mundo, cuando el semáforo se pone en amarillo, los automovilistas frenan. Lo mismo hacen cuando hay un peatón en el camino o una bicicleta o una moto u otro auto. Acá pasa lo contrario, y no porque los autos se manejen solos.

 

Cuando hay un conflicto de intereses en cualquier país civilizado, se canalizan las inquietudes a través de las instituciones. A menor credibilidad de dichos órganos, más chances hay de un conflicto armado interno. En el medio aparecen las soluciones argentinas, las del “cortamos porque nadie nos escucha” o, en otras palabras, porque las instituciones no cumplen el rol para el que fueron creadas.

 

Negar crisis energéticas, conflictos salariales, políticas de precios o manipulaciones de índices es tan pernicioso como inflar esos fenómenos para generar pavor y arriar agua para el molino propio.

 

La inacción, en tanto, es el peor de todos esos males.

 

Los argentinos conocemos de parches y de políticas coyunturales, de soluciones difíciles para problemas que serían de resolución sencilla si fueran tratados a tiempo.

 

¿Es oportuno advertir el deterioro de las escuelas a días de empezadas las clases? ¿Algo hay, materialmente, que impida visualizar el problema en diciembre, para trabajarlo en los meses de verano? ¿Tan difícil es planificar un Estado para el corto, mediano y largo plazo?

 

Dejar intereses mezquinos de lado sería casi como un pedido inconducente en éste o en cualquier otro país. Buscar a los mejores estadistas o conductores para llevarnos a buen puerto tampoco es una solución: el barco se agrieta y nos limitamos a mirar o, en el mejor de los casos, a criticarlo todo.

 

¿El cambio es imposible? Nada de eso.

 

Brasil, Chile y Uruguay han demostrado que, con historias y realidades parecidas a la nuestra, se puede dar forma y sentido al sacrificio. Que lo que se hace hoy valga la pena para que mañana podamos tener un país en serio y no hecho de pura casualidad.

 

¿Se puede hablar de sociedad cuando en el espacio público competimos con nuestra vida para ver quién avanza antes y ocupa un hueco de 15 centímetros sobre el pavimento?

 

Las soluciones las debemos dar todos, porque todos somos responsables.

 

Cada uno en su metro cuadrado de influencia debería obrar como quisiera que obraren con él. Ese sería un excelente y sencillísimo comienzo.

 

Lástima que estemos tan, pero tan lejos de empezar a hacerlo.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP