Política 11-04-2008 - 586
Palabras
(Poder)
PELEAS DE PODER
¿Por qué un Gobierno se enfrenta con un grupo económico fuerte? ¿Por qué un grupo económico fuerte se enfrenta con un Gobierno? ¿Por qué el periodismo dejó de ser el cuarto, para convertirse casi en el primer poder?
A estas preguntas debería dar respuesta la Ciencia Política, las Ciencias
de la Comunicación, la Economía, el Derecho y, por qué no, el propio
periodismo. Sin embargo, es la realidad cotidiana, la tapa de los diarios y los
discursos oficiales los que dan cuenta de un fenómeno enrolado, típicamente,
bajo la idea de puja de fuerzas en busca de poder.
Que el Grupo Clarín es un multimedios poderoso está fuera de toda
discusión. Que ha crecido a niveles sorprendentes, no es secreto y no tiene por
qué ofender a nadie.
Que al Gobierno no le gusta la información tendenciosa en su contra también
es cierto. Tolera, sin embargo y muy bien, que los noticieros de Canal 7, el
canal público, pero no por eso necesariamente oficial, oficien de plataforma
propagandística.
Esto último, vale la aclaración, no es rasgo distinto de éste gobierno. El
anterior y el anterior y el anterior del anterior, también pecaron por el mismo
defecto, de creer propio algo que, por principio, es de todos.
Más allá de la actual coyuntura y de la creciente disputa entre el gran
medio argentino y el gran gobierno nacional, hay cabos que deberían imbricarse
para entender mejor la situación.
Entre ellos, uno de los más llamativos es que el ex (y ahora renegado)
piquetero Luis D’Elía se haya convertido, por segunda vez en las última
semanas, en portavoz informal del oficialismo, con virulencia y en su carácter
de fuerza de choque.
Que esta semana haya estado en el programa periodístico mejor conceptuado de la Argentina y que sus palabras hayan sido reproducidas hasta el hartazgo, da cuenta de una situación particular: el Gobierno no lo asume como funcionario, pero el medio lo reconoce como vocero calificado para defender al Gobierno.
Cualquiera podría decir que estamos en un país de locos y si desde cualquiera
de las ciencias sociales antes enumeradas se hiciera un análisis sesudo, se
advertiría que son pocos los registros históricos y mundiales recientes en los
que un gobierno haya salido airoso de una disputa contra un multimedios.
El periodismo y, fundamentalmente, las empresas periodísticas, tienen
poder.
Dirían, además, que enfrentar a esos supuestos monstruos por la vía de la
libertad de expresión sólo logra despertar el espíritu de cuerpo en la profesión,
propio de cualquier actividad.
Algún abogado, además, podría sugerir que a los “monopolios” -como los
calificó D’Elía-, se los combate por vías legales vinculadas con el derecho
empresario (defensa de la competencia, competencia desleal o hasta defensa del
consumidor) y no por el lado de uno de los derechos pilares del sistema
democrático.
Sin embargo, medidas tan polémicas como la del Observatorio de Medios,
tendiente a monitorear las expresiones discriminatorias que aparecen en la prensa
(algo que, de por sí, ya debería estar haciendo el INADI), surgen de espacios
académicos como lo es la cúpula de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
Como sea que se plantee, como sea que se resuelva, una cosa hay que es
clara y segura. Lanata, en su diario Crítica, daba cuenta hace unos días de la
pelea que libran los Kirchner y los Clarín. El problema es que en el medio
quedamos todos nosotros. Y nosotros, más que jamón del sándwich, siempre
terminamos pagando como verdaderos salames.
Alcides Cepeda
Agencia MP