Política 02-05-2008 - 585
Palabras
(Puthod – Responsables)
LA PASTORCITA Y EL LOBO
...Cansados de las bromas que les jugaba el pastorcito, cuando el lobo
finalmente apareció, nadie le hizo caso a sus pedidos de auxilio y el animal, a
sus anchas, se comió a todo el rebaño.
Así terminaba la fábula El Pastorcito y el Lobo, aquella que nos contaban
antes de dormir para escarmentarnos con que mentir no está nada bien, que
termina jugando en nuestra contra porque las mentiras tienen patas cortas.
Pues bien: al parecer algunas de las reacciones por el secuestro del presidente
de la Casa de la Memoria de Zárate, Juan Evaristo Puthod, se enmarcan en este
cuento infantil.
Hay, obviamente, una mayoría de la sociedad que se preocupó de manera
genuina por la suerte del dirigente así como lo hizo en su oportunidad con el
caso de Luis Gerez y lo continúa haciendo hasta hoy con la desaparición de
Jorge Julio López, los tres testigos en juicios que se siguen contra (ex)
represores, torturadores y apropiadores.
Otra parte, minoritaria ella, se escuda bajo el ideologísmo macabro y recurre
a un tristemente conocido “por algo será”.
Pero el grupo que viene creciendo y el que debería llamar a la reflexión es aquél que se comporta como los pobladores de la fábula.
Dicen que escucharon tantas y tantas mentiras, una y otra vez, que desconfían
sobre la veracidad de los dichos y de los hechos sin importar cuáles fueran
ellos.
El planteo que se hacen no es ya si puede existir un ser tan nefasto como
para secuestrar y amenazar a otro para que haga o deje de hacer una determinada
cosa, sino si es posible que eso se monte para dar la sensación o la imagen de
que hay gente capaz de hacer semejante barbaridad.
En otras palabras, lo que dicen –y es inconcebible– es que la acción pudo
haber surgido desde los propios impulsores de la política judicial en materia
de derechos humanos implementada por el Gobierno, buscando generar un clima de
temor en la sociedad y de hostilidad hacia los enjuiciados, bajo la idea de que
todo puede volver a pasar mientras estos chacales estén libres.
Es muy sencillo entender por qué corren estas versiones conspirativas y de
complot.
Durante décadas nos hemos acostumbrado a ser engañados por nuestros
gobernantes no una, sino mil y diez mil veces. “Siempre que alguien engaña es
porque alguien se está dejando engañar”, aclara Nicolás Maquiavelo en El
Príncipe. Pero, al parecer, no sólo hemos aprendido, sino que nos hemos
sensibilizado por demás frente a cualquier versión que tenga intereses
gubernamentales de por medio.
Ejemplos cercanos de mentira, es cierto, no faltan, pero hay una
sobrereacción de nuestra parte, de los que votamos para ser dirigidos,
administrados y representados.
Sospechar del
gobierno por el caso Puthod sin tener prueba alguna es tan macabro como el
hecho que en sí se denuncia. Y así y
todo, las teorías conspirativas no dejan de poblar los comentarios a las notas
periodísticas que dan cuenta de la barbarie y se multiplican en los blogs de
actualidad, aun de boca de reputados demócratas.
El pastorcito mentía hasta que nadie le creía cuando lo que decía era
verdad. La moraleja encerraba un mensaje clave: la confianza se gana con mucho
trabajo, pero se pierde en un abrir y cerrar de ojos.
Por las dudas, como no sabemos, mantengámosnos alerta, pues la moraleja
también encerraba otro mensaje clave: hasta quienes mienten reiteradamente alcanzan
un punto en el que dicen la verdad.
Ariel Neuman
Agencia MP